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lunes, agosto 17, 2026
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La débil relación entre crecimiento del PIB y el empleo

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Mario Méndez

Que la economía dominicana ha generado 118.631 nuevos empleos en el primer trimestre del año es, sin duda, una buena noticia. Pero todavía no es suficiente para provocar un cambio estructural en el mercado laboral.

Y, en la República Dominicana, para alcanzar niveles de generación de empleo comparables a los de muchas otras economías del mundo, se requiere un crecimiento económico considerablemente mayor. Aquí, cuando el crecimiento corre, el empleo apenas se mueve y a veces incluso parece avanzar con los pies atados. Este fenómeno se puede observar aplicando la llamada ley de Okun, que en realidad no es una ley exacta, sino más bien una relación empírica entre crecimiento económico y desempleo.

Según esta relación, en muchos países el crecimiento del PIB de entre 2% y 3% es suficiente para sostener el empleo, mientras que mayores expansiones contribuyen a reducir el desempleo.

Sin embargo, en nuestro país esta relación opera de forma débil, casi distorsionada. Aunque el crecimiento económico ha superado el 5% durante gran parte de las últimas tres décadas, esto no ha provocado una caída proporcional del desempleo.

La investigación econométrica ha determinado que, en el caso dominicano, Un crecimiento del 1% del PIB reduce el desempleo en sólo 0,5 puntos porcentuales, muy por debajo de los 0,88 puntos observados en los años sesenta. En Estados Unidos, por ejemplo, esta reducción oscila entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales, pero dentro de una relación mucho más estable; mientras que en España, donde el empleo es especialmente sensible a las variaciones del PIB, la reducción puede situarse entre 0,7 y 1 punto porcentual.

Veámoslo a la luz de datos recientes. Entre 2023 y 2024, el PIB dominicano mostró un crecimiento robusto —5,5% en 2023 y 5% en 2024—, mientras que el desempleo se mantuvo bajo, alrededor del 4,8%. Esto es consistente con la relación de Okun: un crecimiento cercano al 5% suele ser suficiente para sostener el empleo y absorber parte de la fuerza laboral.

Sin embargo, en 2025 el crecimiento cayó del 5% al ​​2,1%. Según la lógica de Okun, una desaceleración de esa magnitud tenía que traducirse en un aumento del desempleo. Y así sucedió: la tasa pasó del 4,8% al 5%. Aunque el aumento parece pequeño (sólo 0,2 puntos porcentuales), refleja un deterioro real del mercado laboral.

Aquí surge un dato revelador: la caída del crecimiento fue abrupta —2,9 puntos porcentuales—pero el desempleo apenas aumentó. Esto sugiere que la relación entre el PIB y el desempleo en la República Dominicana es relativamente débil en comparación con las economías desarrolladas.

¿Qué explica esta aparente desconexión? Varias razones estructurales: la alta informalidad laboral, el peso de los sectores intensivos en servicios y la tendencia de las empresas a ajustarse a través de los salarios o la productividad, más que a través del empleo formal.

La debilidad de esta relación se vuelve a manifestar en el primer trimestre de 2026: la el crecimiento repunta hasta el 4,1%, pero el desempleo se mantiene en el 5%. Esto indica que, si bien la recuperación económica evita un mayor deterioro del empleo, todavía no es suficiente para producir una reducción significativa del desempleo. El mercado laboral responde con un retraso, como un engranaje oxidado que tarda en moverse incluso cuando el motor vuelve a arrancar.

En definitiva, la economía dominicana parece un mar exigente: si no soplan los vientos capaces de impulsar el PIB por encima del 4% o 5%, las olas de empleo difícilmente llegarán a la orilla.

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