Escuché a un amigo expresar que Jarabacoa no sólo se ha convertido en un lugar de vacaciones, sino también en un lugar atractivo para invertir y una oportunidad para que los inversionistas incrementen sus ganancias.
Mi amigo tiene mucha razón. Sin embargo, añadiría algo fundamental: el crecimiento del turismo debe traducirse en bienestar para las personas que viven y trabajan en la comunidad. No basta con construir hoteles, restaurantes, villas y complejos turísticos; También es necesario generar oportunidades para las personas que hacen posible este desarrollo.
Jarabacoa, al igual que Constanza y otras comunidades de la región Norte, tiene un enorme potencial para atraer capital, generar empleos e impulsar la economía. Pero ¿qué significa desarrollo económico cuando sus principales beneficios no llegan a los residentes? ¿De qué sirve una industria turística próspera si quienes sirven, limpian, cocinan, mantienen las instalaciones y atienden a los visitantes siguen viviendo con salarios insuficientes?
Las empresas tienen una responsabilidad que va más allá de producir beneficios. Su compromiso con la comunidad debe reflejarse en salarios dignos, oportunidades de crecimiento profesional, capacitación continua, condiciones laborales justas y respeto a la dignidad de sus empleados.
Cuidar a los empleados no es un gasto innecesario; Es una inversión en la sostenibilidad del negocio. Un trabajador valorado sirve mejor, desarrolla un mayor sentido de pertenencia y contribuye a crear experiencias positivas para los visitantes. Por el contrario, una empresa que descuida a su personal puede acabar debilitando la calidad de sus servicios y su propia reputación.
Las empresas de Jarabacoa y Constanza tienen la oportunidad de ser creativas e intencionales en la construcción de un modelo económico más inclusivo. Pueden priorizar la contratación local, comprar productos de agricultores y pequeños comerciantes locales, establecer programas de capacitación técnica y crear mecanismos para que los beneficios del turismo circulen dentro de la comunidad.
Asimismo, empresarios, autoridades y organizaciones comunitarias deben dialogar para identificar las necesidades más urgentes y diseñar iniciativas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los residentes.
El éxito empresarial no debe medirse únicamente por el crecimiento de la inversión o el aumento de las ganancias, sino también por su contribución al bienestar colectivo.
Jarabacoa puede ser un excelente destino turístico y un atractivo lugar de inversión. Pero su mayor triunfo será convertirse en una comunidad donde el progreso se sienta en los hogares, las oportunidades y la dignidad de su gente.
Quiero finalizar este artículo recordándoles que el verdadero desarrollo no consiste sólo en atraer riqueza a un territorio, sino en conseguir que esa riqueza también transforme positivamente la vida de quienes allí viven.


