En momentos en que las aerolíneas que viajan por las rutas del Caribe y continentales mantienen precios anormalmente altos en sus servicios para superar costos adversos, surge otra hostilidad desde República Dominicana hacia los viajeros que ahora tendrán que pagar un 50% más en impuestos sobre los boletos para llegar y permanecer en estas latitudes.
Y en perjuicio de los pasajeros locales y extranjeros, eso no es todo: otros cargos de cobro recaen sobre los billetes a favor del Ministerio de Turismo y por servicios aeroportuarios que penalizan globalmente a cada persona en tránsito con US$ 82,6 en impacto directo contra la competitividad del país.
Como destino turístico, República Dominicana tiene que protegerse de sus rivales regionales que son singularmente agresivos en el uso de estrategias comerciales y condiciones de infraestructura que buscan ser superiores a las locales para atraer a quienes vacacionan por primera vez o lograr que regresen a sus espacios agregando atracciones. Dormirse en los laureles por ser, de hecho, el preferido para los flujos estacionales que lanzan a los excursionistas hacia el trópico impediría que la RD mantenga ventajas relativas ante los ojos de las naciones de origen de visitantes y visitantes potenciales.
La competencia está permanentemente alerta para aprovechar amplificando los descontentos que expresan los extranjeros luego de estar en el país y a los que ahora se sumarían los descontentos por tener que pagar más para ingresar al territorio nacional. Ha habido intentos anteriores de manchar la hospitalidad dominicana con estrategias de marketing que resaltan denuncias sobre acoso por parte de vendedores ambulantes en zonas y entornos hoteleros, cobros excesivos por parte de taxistas, inseguridad en el tránsito por las vías lamentablemente corroboradas por un número importante de víctimas de accidentes viales en el polo turístico oriental. Hechos y circunstancias que se prestan a narrativas exageradas que dañarían la imagen del país.
fingir un extracción excesiva de ganancias para el fisco a costa de quienes como visitantes circunstanciales o como parte del flujo ordinario de residentes dominicanos locales y en el exterior que salen y entran por los aeropuertos es arriesgado para una dinámica de viajes que sigue siendo favorable a la economía nacional.



