Robert Francis Prevost Martínez Es el nombre secular del Papa. León XIV. Hace un siglo, más precisamente en 1891, el Papa León XIII publicó su encíclica Rerum Novarum. En él presentó su tratado sobre la “Doctrina Social de la Iglesia”. En esa misma encíclica, el Papa Máximo presentó al mundo sus reflexiones sobre la sociedad humana, la economía y la política. Ciento treinta y cinco años después, otro Papa, León, nos trae su visión de la humanidad en la era digital, con énfasis en las implicaciones actuales de inteligencia artificial: “…con qué rapidez y profundidad la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando nuestro mundo”.
El manifiesto religioso del Papa está dirigido a creyentes, ateos y agnósticos de nuestro tiempo, para que juntos encontremos el camino hacia el bien común. Advierte que si deshumanizamos la ciencia y la tecnología, optando por no ponerles límites ético-morales, estaríamos, sin pretenderlo, generando un nuevo Frankenstein diabólico nunca imaginado.
Nos están acostumbrando a mirar imágenes de genocidio horrendo sin horror. Los sentimientos se embotan; nada nos sorprende ni nos horroriza. La violencia es vista como un fenómeno natural, que nos devuelve a la ley de la selva en la que el mas fuerte domina. Está muriendo el multilateralismo que, después de la Segunda Guerra Mundial, nos permitió convivir con el respeto a la diversidad de los pueblos, el consenso y la defensa de los derechos de los demás. Es importante reconocer el predominio actual del poder de la fuerza en la situación actual. León XIV advierte sobre el uso de la inteligencia en la fabricación y uso de inteligencia artificial en poderosas y letales armas autónomas que actúan de forma independiente. Habla de la necesidad de dirigir la atención de todos –de todos los seres humanos– para construir la civilización del amor.
Una vez establecido el diagnóstico de la dualidad en el uso del progreso técnico-científico actual, es responsabilidad de cada uno de los habitantes del planeta encaminar el camino hacia la paz y el progreso colectivo, sin discriminación, xenofobia, abuso, amenazas físicas, psicológicas, sociales o ecológicas.
Transcribo, por su inspirador contenido, el siguiente párrafo del Encíclica 2026:
«¡Amemos la justicia y la paz! Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman los conflictos en oportunidades de lucro. Cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasión para verificar si los avances en inteligencia artificial abren espacios de justicia y participación o concentran riqueza y poder en manos de unos pocos. Los invito a mirar con lucidez las redes de producción digital, las condiciones de trabajo escondidas detrás de nuestros dispositivos, los mecanismos que aprovechan la manipulación y la guerra y, al mismo tiempo, tiempo, para buscar caminos concretos para aumentar la equidad, la participación y el cuidado de la creación… para que, en lugar de desigualdades, haya más justicia, y para que, en lugar de la industria de la guerra, se afirme la artesanía de la paz.
todo uno encíclica 2026 sin desperdicio. Los invito a todos a leerlo, meditarlo y asumir sus principios, por el bien de la humanidad actual.



