los fans de la Knicks de Nueva York que viven fuera del área de San Antonio y que soñaban con ver a su equipo acercarse a su primer título desde 1973, tuvieron serias dificultades para comprar entradas para el quinto partido de la Finales de la NBA. Sin embargo, esas restricciones no eran del todo nuevas para situaciones similares.
Un aviso publicado en Ticketmaster declaró que las entradas estaban limitadas a compradores que vivían dentro de un radio de 150 millas del Frost Bank Center, y que la elegibilidad estaba determinada por la dirección de facturación de la tarjeta. Además, se advirtió que los pedidos de personas fuera de ese perímetro podrían ser cancelados y reembolsados.
Más tarde, Corporación deportiva del Madison Square Garden. contradijo esa posibilidad, afirmando en un comunicado que, después de consultar con los San Antonio Spurs, no se anularían ninguna entrada y todos los aficionados con entradas válidas podrían asistir al partido.
Ticketmaster también salió a aclarar la situación en las redes sociales, afirmando que no se habían cancelado entradas ni se cancelarían ninguna ya comprada, y que las restricciones solo aplicaban en el momento de la venta. Es decir, quienes lograron adquirir entradas de forma legítima podrán ingresar al estadio sin problemas.
Por su parte, los Espuelas defendió la política como una práctica común en la NBA durante los playoffs, explicando que el límite de 150 millas sigue vigente para priorizar a los aficionados locales en San Antonio, Austin y zonas cercanas, algo que, según el equipoha sido comunicado a lo largo de la postemporada.
Si bien estas restricciones no afectan el mercado secundario, que aún permite a los fanáticos de los Knicks obtener entradas, la medida generó polémica. El serie Ya habían mostrado situaciones similares en rondas anteriores, donde los fanáticos de Nueva York aún lograron llenar otros estadios como visitantes.
La reacción política no tardó en llegar desde Nueva York. El fiscal general leticia james criticó la política y pidió su eliminación, mientras que la gobernadora Kathy Hochul también expresó su indignación, argumentando que muchos fanáticos habían hecho planes de viaje y compra de buena fe, y exigiendo que se respetaran los boletos ya comprados.



