En muchas ocasiones Dios nos permite pasar por procesos que desafían nuestra fe, confrontan nuestras debilidades y revelan las áreas de nuestro corazón que necesitan ser transformadas. Lo que podemos interpretar como un obstáculo Dios lo está usando para formar el carácter que necesitamos para cumplir su propósito.
Él sabe que un gran don sin un carácter aprobado puede convertirse en un peligro, mientras que un carácter moldeado por Su Espíritu es capaz de sostener la autoridad, la influencia y la responsabilidad que acompañan al llamamiento.
La vida de Daniel es una poderosa evidencia de esta verdad. Siendo todavía muy joven fue arrancado de su tierra, separado de su familia y llevado cautivo a Babilonia. Todo parecía una tragedia y una derrota, pero Dios estaba formando en él un hombre de convicciones inquebrantables. En medio de una cultura pagana, Daniel decidió no contaminarse y permaneció fiel al Señor incluso cuando eso significaba enfrentar oposición y poner en riesgo su propia vida.
Antes de que Dios lo exaltara como uno de los principales gobernantes del imperio neobabilónico, permitió que su carácter fuera puesto a prueba en la adversidad. La presión no debilitó su fe; la fortaleció. La oposición no cambió sus convicciones; Él los afirmó. La prosperidad tampoco corrompió su corazón porque Daniel había aprendido que la verdadera grandeza no consiste en la posición que uno ocupa, sino en la fidelidad con la que uno honra a Dios.
Daniel mantuvo una vida constante de oración, integridad y dependencia del Señor incluso cuando un decreto real se lo prohibía. Prefirió ser arrojado al foso de los leones antes que comprometer su comunión con Dios. Esa firmeza reveló que su carácter era más fuerte que cualquier amenaza.
Cada prueba, enfrentada con fe, produce una transformación que ninguna otra experiencia puede lograr. El don puede abrir puertas, pero es el carácter el que nos permite permanecer en ellas. Dios no sólo busca personas calificadas; busca hombres y mujeres íntegros, cuya vida refleje la naturaleza divina y cuya fidelidad se mantenga firme en cada proceso.



