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lunes, octubre 26, 2026
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El PRM y el día después

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El PRM acaba de reabrir su registro para recibir militantes y, al mismo tiempo, Chú Vásquez distribuye certificados de ADN del partido. Es casi conmovedor.

En El Sol de la Mañana cuestionó la trayectoria orgánica de David Collado. Yayo Sanz Lovatón llamó al programa para recordarle que el propio Chú había colaborado en la campaña que llevó a Collado a la Alcaldía del Distrito Nacional en 2016. David evitó la pelea: «Estoy concentrado en ser Ministro de Turismo».

Chú puede apoyar a Carolina Mejía sin bajar a David. La experiencia en fiestas es un mérito, no un título de propiedad. ¿Tendrán los jóvenes del PRM que disculparse por haber nacido demasiado tarde para participar en la fundación del partido?

Mientras el PRM discute su árbol genealógico, la oposición se agota. Lo del PLD parece más un ejercicio de espiritualismo electoral que de oposición. Leonel conserva a sus seguidores, pero le cuesta conseguir apoyo fuera de ellos. Omar representa otra expectativa, sin que eso resuelva la dispersión opositora. Y Alofoke refleja un descontento que los partidos tradicionales no logran representar.

No hay necesidad de que nadie trabaje deliberadamente para el PRM. Basta que estos proyectos disputen por separado el voto disidente sin construir una alternativa común (o separada). El partido gobernante recibe el beneficio. Y algunos perremeístas parecen decididos a crear la oposición que les falta.

De ahí mi convicción: si este escenario persiste y al PRM no le explota una crisis en la cara, sus primarias de 2027 podrían terminar decidiendo quién será el próximo presidente dominicano. Las crisis, por cierto, también se fabrican.

Se empieza cuando se niega la legitimidad al socio que podría ganar mañana. Entonces habrá que pedirle al partido derrotado que trabaje para aquel cuya legitimidad cuestionó.

El PLD ya pagó esa cuenta. En 2019, Gonzalo Castillo superó a Leonel Fernández por apenas 26.694 votos: 911.324 frente a 884.630. Leonel desconocía el resultado y abandonó el partido. Nueve meses después, el PLD perdió las elecciones. La ruptura no fue la única causa, pero sí lo debilitó. Hipólito Mejía, en cambio, perdió ante Abinader en 2015 y 2019 sin romper el PRM.

La diferencia es que entonces el PRM estaba fuera del poder. Al gobernar, una derrota interna arrastra intereses y estructuras que ningún abrazo de unidad recompone automáticamente.

Por eso Abinader, presidente de la República y del partido, debe aglutinar a los candidatos, explorar un consenso legítimo frente a la militancia y, si no lo hay, garantizar primarias con reglas claras. Sobre todo, negociar las condiciones de la derrota antes de encontrarse con los derrotados: compromisos de convivencia y participación, nunca cargos públicos como recompensa.

Una convención puede proclamar a un candidato y dejarlo sin alcaldes que movilizar, estructuras para trabajar ni compañeros dispuestos a defenderlo.

El día siguiente comienza antes de la primera votación.

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