La herramienta rigurosa para evaluar, con sentido profesional y científico, las simpatías y apoyos respecto de la popularidad política se ha transformado en una fuente de inducción y manipulación.
La estrategia diabólica consiste en fabricar tendencias de popularidad impulsadas financieramente con el fin de posicionar a los preseleccionados en la psique del ciudadano.
Recientemente, en boliviaEl hoy presidente Paz apareció con un 4% de popularidad en las «encuestas».
En ese mismo sentido, Abelardo de la Espriella. Nunca marcó como favorito entre los votantes colombianos, e incluso la candidata del Centro Democrático Paloma Valencia proyectó un 22% y terminó con un 6% en la primera vuelta.
Estas imprecisiones y fallas en las proyecciones no constituyen acciones aisladas, sino que se deben a esquemas fraudulentos interesados en perturbar la objetividad y dar rienda suelta a la imposición de criterios, muchas veces alejados de la voluntad del elector.
El componente pernicioso de la manipulación alcanza niveles demenciales cuando los medios actúan en rebote jugando líneas de simpatías estructuradas en los laboratorios de popularidad, las mismas que resisten y reaccionan con virulencia ante los intentos de organismos electorales bien intencionados y con capacidad regulatoria, que actúan ávidos de impedir el régimen de distorsiones bajo el nombre de empresas encuestadoras.
El negocio de las empresas encuestadoras es atractivo y seductor. Los niveles de rentabilidad residen en el ejército de clientes/políticos siempre dispuestos a invertir en el obstruccionismo de turno con uniforme de encuestador, para inspirar el ego del potencial solicitante.
Tenemos la esperanza de educar, generar conciencia ciudadana, para que los votos representen la mejor respuesta al rufianismo con categoría de firma encuestadora.
Cree que el procesos electorales Retratar fielmente la voluntad democrática el día de las elecciones no es correcto.
De ahí el necesario llamado a cerrar, por vías institucionales, las fórmulas distorsionadoras de la voluntad popular, drenada por una modalidad comercial tristemente aplaudida por el bestiario partidario.



