Recientemente el Parlamento cubano aprobó 176 medidas encaminadas a abrir el mercado al sector privado, en un intento de aproximarse al modelo de economía mixta aplicado por Porcelana. Ya sea bajo este esquema o mediante una transición hacia un sistema democrático, Cuba podría convertirse, en el mediano y largo plazo, en un formidable competidor del República Dominicana en áreas donde hoy el país ejerce liderazgo regional
Históricamente, el aislamiento económico de Cuba terminó favoreciendo a la República Dominicana. Cuando el azúcar era nuestro principal producto de exportación, las sanciones impuestas a la isla llevaron al presidente Dwight D. Eisenhower eliminar la cuota azucarera cubana e incrementar inicialmente en un 58% la asignada a RD
La Iniciativa para Cuenca del Caribe (CBI)impulsado por Ronald Reagan en 1983, otorgó acceso preferencial al mercado estadounidense, incentivos a la inversión y cooperación económica para los países de la región. La incorporación de RD fue uno de los factores que impulsó el despegue de las zonas francas.
Más allá de las fortalezas y el liderazgo alcanzado por República Dominicana en materia turística, Cuba tiene importantes ventajas naturales y competitivas. Tiene una mayor extensión de playas (5.700 kilómetros frente a los 1.600 de República Dominicana), una amplia diversidad de atractivos patrimoniales, riqueza cultural y una fuerza laboral con altos niveles de educación.
En consecuencia, una apertura económica de Cuba no significaría necesariamente una pérdida automática de turistas para la República Dominicana, pero sí aumentaría considerablemente la competencia. Esto obligaría al país a mejorar la calidad de los servicios, diversificar la oferta turística e invertir más en infraestructura.
En zonas francas, otro de nuestros principales motores exportadores, República Dominicana mantiene ventajas relevantes: experiencia acumulada, seguridad jurídica, una red consolidada de proveedores, acuerdos comerciales como el DR-CAFTA e infraestructura logística y portuaria de primer nivel.
A pesar de las reformas económicas, hoy el salario mínimo en Cuba es de cinco dólares mensuales en contrato con RD$20,800 en zonas francas dominicanas (345 dólares mensuales), con una fuerza laboral abundante y calificada dispuesta a trabajar con salarios más bajos, una Cuba capitalista inicialmente atraería zonas francas con uso intensivo de mano de obra, como textiles y calzado, y promovería el cigarro cubano de renombre mundial.
Para la República Dominicana, esto significaría que la estrategia de competitividad no puede seguir dependiendo únicamente de costos laborales relativamente bajos. Será fundamental aumentar la productividad, la formación del capital humano, una mayor eficiencia logística y una reducción sostenida de los costos de energía y transporte.
Cuba hoy explota níquel y cobaltopero tiene, aunque no cuantificadas, minas de oro, cobre, cromo, magnesio y hierro. Extraen petróleo (entre 40.000 y 50.000 barriles diarios) que no cubre el consumo interno, pero el Servicio Geológico de Estados Unidos estima que en la cuenca norte podría haber hasta 4.100 millones de barriles de petróleo y unos 13,3 billones de pies cúbicos de gas natural.
Una economía abierta y con seguridad jurídica tendría un enorme poder de atracción de inversión extranjera en turismo, zonas francas, minerales, petróleo y gas. A esto se sumaría el potencial inversor de la diáspora cubana radicada en Estados Unidos, especialmente en Miami, cuyo vínculo económico y emocional con la isla constituye un activo que pocos países poseen.
En lugar de ver este escenario como una amenaza, República Dominicana debe asumirlo como una oportunidad para acelerar las reformas pendientes. La mejor respuesta es prepararse ahora con una educación de mayor calidad, una economía más innovadora, una logística más eficiente y una política minera capaz de convertir nuestros propios recursos naturales en un nuevo motor de crecimiento y desarrollo.



