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lunes, agosto 17, 2026
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Descontento social y falta de diálogo amenazan la democracia de Rodrigo Paz

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América Latina21

Por Franz Flores Castro

A poco más de seis meses de haber asumido la presidencia, Rodrigo Paz sufre una crisis política que amenaza su continuidad en el poder. Desde hace tres semanas, grupos movilizados al frente de la Central Obrera Boliviana han bloqueado el acceso vial a la ciudad de La Paz, han cometido actos de vandalismo y saqueos, han dañado bienes públicos y maltratado a personas que nada tienen que ver con el conflicto. Todo ello bajo la consigna de dimisión del primer presidente del Estado. De esta manera, Bolivia ha entrado en un escenario de incertidumbre política de cuyo rumbo depende el proceso democrático boliviano.

Si bien hay varios factores a partir de los cuales se puede explicar este nuevo conflicto, hay tres elementos fundamentales. El primero de ellos tiene que ver con que el sistema político atraviesa una crisis de representación. El proceso electoral realizado en 2025 generó una atomización del voto, no sólo entre tres fuerzas opositoras al MAS (PDC, Libre y ONU), sino también entre dos candidatos del tronco del MAS, como Eduardo del Castillo y Andrónico Rodríguez, quienes tuvieron un bajo desempeño electoral con 8.51% y 3.17% respectivamente. Lo que sorprendió fue el voto nulo, consigna lanzada por Evo Morales semanas antes de la votación, que alcanzó el 19,8% de los sufragios.

El segundo factor tiene que ver con el deterioro económico. Ya en noviembre de 2025, Luis Arce había dejado el poder en medio de una crisis de combustibles, una contracción del PIB de 1,48% al final de su gestión y una inflación de 20,40%, catalogada como la más alta del país en cuatro décadas. Esta crisis la enfrentó en parte la gestión de Rodrigo Paz quien, el 17 de diciembre de 2025, mediante Decreto Supremo, más que duplicó los precios de la gasolina y el diésel. Esta medida, que en un principio no provocó grandes movilizaciones, pero al no fue acompañada de otras que lograron contener el deterioro de la economía de los sectores más pobres, ha generado un descontento social que hoy se ha canalizado hacia las calles.

El tercer factor tiene que ver con que en estos pocos meses de gestión, Rodrigo Paz no ha logrado establecer canales de comunicación con las organizaciones y sectores sociales que lo habían votado en la segunda vuelta, y que pertenecían a las zonas que fueron bastiones electorales del MAS: La Paz y El Alto. No ha habido políticas públicas dirigidas a estos sectores y terminó aplicándose un fuerte discurso antimasista, calificando al gobierno anterior como un «estado de cloaca» donde, para Paz, sólo reinaba la corrupción y la ineficiencia. Así pues, no sólo ha sido una lectura inadecuada de las bases de apoyo que llevaron a Paz al poder, sino también una incapacidad para establecer intermediarios –corredores políticos– que le permitan a Paz conectarse con el mundo popular.

Vale la pena precisar algunos elementos que pueden ayudarnos a pensar en el desarrollo futuro de esta crisis. Por un lado, la movilización se centra casi exclusivamente en La Paz y El Alto; En los demás departamentos, la vida y la producción transcurren con mayor o menos normalidad. Por otro lado, la movilización no ha logrado simpatías e incluso ha generado rechazo de la población, que ha criticado las agresiones a transeúntes, los saqueos y los daños a la propiedad pública y privada, además de la escasez de alimentos.

Finalmente, entre los movilizados no parece haber un proyecto político alternativo ni parece haber un liderazgo claro; De hecho, nadie aparece en la movilización como su portavoz legítimo.

El gobierno de Paz está bajo presión por las movilizaciones, más aún ante el pedido maximalista de su dimisión, pero eso no quiere decir que esté contra las cuerdas. Hasta ahora ha gestionado correctamente la contención de las movilizaciones, que han logrado desbloquear parcial y brevemente las rutas hacia La Paz, y ha contenido la violencia callejera sin grandes costes en términos de heridos y vidas. En cualquier caso, la situación es muy frágil.

Gobernar es gestionar el tiempo, cuestión que Rodrigo Paz tiene que hacer rápido y de buena manera; Lo que está en juego es la continuidad de la democracia en Bolivia. No es poco.

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