Por Carolina Elizalde Yulee
Ecuador en la encrucijada de su lucha contra la corrupción
El año 2025 representa un punto decisivo para Ecuador en su lucha contra la corrupción, que ya no puede considerarse un fenómeno aislado sino un sistema institucionalizado que ha socavado el estado de derecho, la democracia y el desarrollo nacional. La reciente actualización de la oración contra Jorge GLAS en la reconstrucción de Manabí y la reactivación del caso de arroz verde confirma la persistencia de las redes corruptas que trascendieron a los gobiernos y consolidaron un sistema estructural de abuso y captura del estado.
Estos hechos muestran no solo el alcance del saqueo al tesoro público, sino también la vulnerabilidad de las instituciones contra las prácticas sistemáticas de impunidad y protección política. En este contexto, el Gobierno de Daniel Nemaa enfrenta el desafío de desmantelar este marco histórico y restaurar la confianza ciudadana, trascendiendo la judicialización de los casos emblemáticos para promover una transformación profunda y sostenida.
El contexto histórico y político: raíces profundas de un sistema corrupto
La corrupción en Ecuador no es un fenómeno reciente o aislado; Sus raíces se hunden en décadas de prácticas de clientela y captura estatal que han impregnado múltiples gobiernos. Sin embargo, fue durante la década de Correism (2007-2017) cuando estas prácticas fueron institucionalizadas y adquirieron un nivel sin precedentes de sistematización y complejidad.
Durante este período, la corrupción dejó de ser un conjunto de actos individuales para transformarse en una red estructural que combinó el financiamiento de campaña ilícito, la manipulación coordinada de los contratos públicos y la co -optación de control, justicia y organismos regulados. Este proceso consolidó un sistema que garantizaba la impunidad y admitía redes de clientela mediante el uso del aparato estatal para intereses partidistas.
El caso de arroz verde, que cubre de 2012 a 2016, ejemplifica esta dinámica. Las empresas nacionales y extranjeras pagaron sobornos sistemáticos para obtener contratos en sectores estratégicos, utilizando compañías de fachadas, falsificación de documentos y triangulación financiera para ocultar el origen ilícito de los fondos. La corrupción se convirtió en un mecanismo para perpetuar el poder político y desviar los recursos que deberían usarse para el desarrollo social y económico.
El caso de arroz verde: sobornos y financiamiento ilícito en el corazón del estado
El caso de arroz verde revela cómo la corrupción institucionalizada operaba como un sistema articulado entre los actores públicos y privados para beneficiarse de los recursos estatales a través de mecanismos complejos. Las empresas que aspiraban a contratos en sectores como energía, telecomunicaciones e infraestructura entregaron sobornos a funcionarios y operadores políticos para garantizar premios, incluso en detrimento del interés público.
Para ocultar estos flujos ilícitos, se utilizaron compañías de fachadas que emitieron facturas falsas y triangulaciones financieras que obstaculizaron el monitoreo del dinero, incluidos los movimientos hacia los paraísos fiscales y el uso de prestamistas. La investigación, iniciada después de un informe periodístico en 2019, logró vincular a altos funcionarios como Rafael Correa, Alexis Mera y Jorge Glas, y determinó el daño fiscal que excede los 39 millones de dólares.
Este esquema reveló un círculo vicioso en el que los recursos públicos desviaron las campañas electorales financiadas y las redes de clientela, debilitando las instituciones y socavando el gobierno democrático.
La tercera condena de Jorge Glas: corrupción en la reconstrucción de Manabí
En junio de 2025, el Tribunal Nacional de Justicia impuso una condena de 13 años de prisión y 25 años de descalificación política a Jorge Glas y Carlos Bernal por la peculación vinculada a la reconstrucción después del terremoto de 2016. La oración determinó que desviaron los fondos a proyectos innecesarios, priorizando los intereses políticos y de clientela por encima de las necesidades de las víctimas.
Esta tercera condena confirma un patrón repetido de abuso de poder, tráfico de influencias y estructuras paralelas en la contratación pública, también presente en casos como Odebrecht y Bribes 2012-2016. El proceso estuvo marcado por controversias, incluida la negativa a los jueces separados y un conflicto diplomático después de la captura de GLAS, evidenciando la complejidad y las tensiones que rodean la persecución judicial de los altos funcionarios.
Corrupción institucionalizada: más allá de las personas, una estructura para desmantelar
Los casos antes mencionados reflejan una estructura de corrupción institucionalizada que ha funcionado como un sistema dentro del estado ecuatoriano, caracterizado por la captura del estado, las redes de clientela, la co -optación de poderes, la impunidad persistente y la ausencia de controles efectivos.
La evolución del índice de percepción de corrupción de transparencia internacional (IPC) confirma esta realidad. Por ejemplo, en 2012, Ecuador alcanzó 42 puntos de 100, pero en años posteriores descendió a niveles cercanos a 35, lo que refleja el aumento en la percepción ciudadana de la corrupción sistemática. A pesar de las mejoras recientes, los niveles siguen siendo bajos y muestran un problema estructural.
Los informes del Contralor general y las auditorías han identificado irregularidades recurrentes en obras públicas, salud y telecomunicaciones, incluidos contratos inflados y premios directos sin transparencia, corroboradas por investigaciones judiciales y periodísticas. La impunidad y la politización judicial han sido obstáculos críticos, obstaculizando los procesos y erosionando la confianza pública.
Desmontar este sistema requiere más que castigar a las personas; Implica reformas integrales para erradicar la impunidad, fortalecer la independencia judicial y establecer mecanismos de responsabilidad efectivos.
El desafío de Daniel Nemaa y el Plan Nacional de Integridad Pública 2024-2028
Dado este escenario, el Gobierno de Daniel Nemaa ha asumido la responsabilidad de enfrentar la corrupción a través del plan nacional de integridad pública y luchar contra la corrupción, presentado en diciembre de 2024. El plan se basa en tres ejes: prevención y sanción, transparencia y responsabilidad y participación ciudadana.
Destaca el fortalecimiento de la función de transparencia y control social, con sistemas digitales para monitorear los procesos de contratación pública en tiempo real, facilitando el acceso ciudadano a la información y la queja de irregularidades. Se implementó un canal seguro para quejas, junto con campañas de capacitación para servidores públicos en ética e integridad.
Además, promueve reformas legales para acelerar los procedimientos judiciales anti -corrupción y capacitar a jueces y fiscales, y apoya la ley de integridad pública, que establece claras obligaciones en transparencia, conflictos de intereses y declaraciones patrimoniales. Esta regla, junto con las políticas de contratación actualizadas, busca cerrar brechas legales y reducir la captura institucional.
Sin embargo, la independencia judicial sigue siendo un desafío clave. El plan propone controles ciudadanos sobre la función judicial y la meritocracia en la selección de jueces para mitigar la politización. La cooperación entre el Contralor, la Oficina del Fiscal y la Secretaría de Integridad se han intensificado, con operaciones en sectores vulnerables.
La participación activa de la sociedad civil y los medios de comunicación, como la transparencia Ecuador, es esencial para monitorear y exigir responsabilidad, evitando los contratiempos. Del mismo modo, el plan aborda nuevos desafíos, como el lavado de dinero a través de plataformas digitales e infiltración de redes criminales, promoviendo la cooperación internacional.
El éxito del plan dependerá de la capacidad del gobierno para transformar estos compromisos en reformas estructurales efectivas que aseguran la transparencia, la independencia judicial y las sanciones rigurosas.
Conclusiones: la necesidad imperativa de una transformación estructural
La corrupción en Ecuador no es una desviación del sistema: es el sistema en sí mismo cuando se capturan las instituciones, los controles neutralizados y el poder público se convierte en un instrumento de ganancia privada. Casos El arroz verde y la reconstrucción de Manabí no son anomalías, sino que revelan expresiones de un modelo de funcionamiento del estado basado en la opacidad, el clientelismo y la impunidad. Ignorar esta realidad estructural es equivalente a perpetuarla.
Enfrentarse a esta forma de corrupción requiere mucho más que la sanción de los actores individuales. Mientras el marco no sea desmantelado, lo que permite su reproducción, incluida la co -optación de la justicia, el uso político de los cuerpos de control y los mecanismos informales para la asignación del poder, cualquier esfuerzo continuará siendo reactivo y limitado. No es suficiente castigar al responsable de hoy si la aparición de nuevos operadores no se evita mañana.
El gobierno de Daniel Nemaa tiene la oportunidad y la responsabilidad histórica de liderar un descanso con ese pasado. Esto requiere una voluntad política firme, reformas institucionales irreversibles, transparencia radical y el empoderamiento efectivo de la ciudadanía y la prensa independiente como contrapesos reales para el poder. Sin estos elementos, el Plan Nacional de Integridad Pública corre el riesgo de convertirse en un gesto más simbólico. Ecuador no necesita promesas: necesita un refundido ético del ejercicio del poder.


