Ercic Hobsbawmen “La era del capital”, que junto a “La era de la revolución” y “La era del Imperio”, conforman su magistral trilogía sobre la historia moderna, aborda el tema de la ciudad, asumiendo que el surgimiento de ésta significó la aparición de la sociedad que, por la diversidad de sus actores y agentes sociales, se impuso a la sencillez de la comunidad rural. Entre estos agentes sociales, los principales fueron esa gran masa de trabajadores atraídos por un poderoso desarrollo industrial y una élite empresarial. A partir del enfrentamiento de estas dos fuerzas se institucionalizaron los derechos ciudadanos básicos de la democracia.
Él sistema democrático Surgió de la mente de unas elites políticas ilustradas y no de las luchas políticas entre clases sociales en conflictos irreconciliables que, pese a todo, posibilitaron ciertos niveles de consenso para reconocer derechos claves de los trabajadores, como el establecimiento del Estado de bienestar, a través del cual se reconocieron derechos fundamentales en el ámbito del acceso a los servicios municipales y derechos sociales y políticos de capital importancia para el desarrollo humano. Podría decirse que esos derechos se lograron fundamentalmente en Europa; Es cierto, pero el impacto de esa conquista se convirtió en bandera de luchas políticas y sociales en varios países fuera de ese continente.
El crisis de la democracia Tiene décadas, ya lo dije. Su inicio coincidió con la crisis del capitalismo a mediados de los años 70. Coincide también con el proceso de debilitamiento de las fuerzas sindicales y políticas que contribuyeron decisivamente a que el sistema democrático alcanzara importantes niveles de mejora en las condiciones materiales de vastos sectores populares y medios no sólo en Europa, sino en América.
Es extremadamente peligroso que la deriva conservadora y de extrema derecha que hoy lucha contra la democracia en Occidente tienda a subestimar y en ocasiones a negar el historial incontrovertible de las luchas de los sindicatos, los gremios y la sociedad civil y las fuerzas progresistas y de izquierda en la construcción de la democracia. Y no sólo estos, sino sectores de la llamada derecha tradicional y una intelectualidad que entonces vio y que hoy ve en estas luchas la mejor y única manera de alcanzar derechos, sin faltar los empresarios con sus pensadores que también en su momento entendieron que el conflicto no puede resolverse sin el reconocimiento de las demandas dirigidas al sistema.
En consecuencia, resulta de fundamental importancia la cuestión de los agentes sociales que, como en otros tiempos, constituyen el motor que impulse la demanda de participación y representación verdaderamente democrática y el reconocimiento de los derechos ciudadanos. Aquí llevamos más de una década discutiendo un código laboral sin llegar a un acuerdo debido a la debilidad del sector laboral y la fuerza/terquedad/ignorancia de un sector empresarial y otros que entienden la importancia de la fuerza laboral y no hacen nada son tímidos. Cambiar este panorama es una tarea ciclópea, sólo abordable con la conjunción de una pluralidad de actores conscientes del momento actual y de la necesidad de una democracia que lo será, sólo si es definitivamente inclusiva.



