
En algunas ocasiones, por mis planteamientos he recibido comentarios agradables y reproches desagradables, pero uno que siempre recordaré es el de un lector que calificó de repugnante la sugerencia que hice en aquella ocasión recomendando que el Asesinos, violadores y abusadores de mujeres y niños. Debían atar sus genitales con alambre de púas y dejar que se necrosaran (o desmantelaran) como algunos animales que eran removidos a mano en el campo para que no fecundaran a sus compañeras.



