Ingresa a las redes sociales y encuentra videos que utilizan el audio del tiro libre entre los dominicanos fiesta 47 y el colombiano Kevin Wai se ha vuelto cada vez más común.
Lo que comenzó como un intercambio espontáneo entre ambos artistas acabó convirtiéndose en un fenómeno viral al que se han sumado famosos, políticos y miles de usuarios, incluso a través de una tendencia con inteligencia artificial (IA).
Para el sociólogo Juan Brito, Esto “representa que los códigos culturales de la calle Ya no están confinados a un espacio o público específico.. El intercambio entre Bulin demuestra cómo un momento espontáneo puede adquirir un carácter dimensión global al circular por plataformas digitales”.
Pero ¿Cómo pasó el freestyle de las calles y los barrios a los grandes escenarios? Brito explica que su expansión está relacionada con los cambios culturales de la sociedad dominicana, el papel de los artistas urbanos y las posibilidades de difusión que ofrecen las redes sociales.
Una sociedad que cambió
El sociólogo Juan Brito.
El sociólogo señaló que el crecimiento del estilo libre se explica, en gran medida, por las transformaciones culturales que ha experimentado República Dominicana durante los últimos 30 años, especialmente en los últimos 15.
Durante este período, los gustos, los referentes de éxito y las formas en que determinados sectores sociales adquieren reconocimiento. Expresiones que antes eran marginadas o consideradas propias de los sectores populares han ganado legitimidad y capacidad de influencia en la cultura nacional.
“No es sólo que la calle ha llegado a los grandes escenarios, es que la propia sociedad ha cambiado y ha ampliado los espacios culturales en los que se pueden reconocer estas expresiones”, explicó Brito.
A estos cambios se suma una juventud que Encuentra en el estilo libre una manera de comunicar sus experiencias. y una transformación de los gustos musicales que ha favorecido la conexión de esta expresión con nuevos públicos.
Las redes sociales ampliaron su alcance
Las plataformas digitales han sido otro elemento importante en la expansión del estilo libre. Según Brito, antes llegar a una audiencia masiva dependía en gran medida del acceso a la radio, la televisión, una estructura discográfica o grandes conciertos.
Ahora, las posibilidades de difusión son otras. El sociólogo lo resumió así: “La tecnología no creó el fenómeno, pero amplió enormemente sus posibilidades de difusión”.
Brito agregó que las redes permiten que las improvisaciones circulen más allá de su entorno original y que el público participe activamente compartiendo, comentando y transformando los contenidos.
De esta manera, una expresión que podría permanecer en un espacio local tiene la posibilidad de llegar a usuarios de diferentes lugares a través de plataformas digitales.
El papel de los artistas urbanos
Los propios artistas también han sido fundamentales en este proceso. Según el sociólogo, sus exponentes han convertido el reconocimiento que obtuvieron en sus comunidades en oportunidades de proyección pública.
Brito explicó que construyeron audiencias, desarrollaron sus propios estilos y aprendieron a utilizar recursos digitales para promover su trabajo. Además, su contenido empezó a atraer audiencias, generar colaboraciones y despertar el interés de marcas y promotores.
Del intercambio espontáneo al espectáculo
El freestyle también ha encontrado espacio en la industria musical cuando empieza a generar audiencias, atraer inversiones y ofrecer oportunidades comerciales.
Según Brito, la multiplicación de nuevos exponentes, la circulación de contenidos digitales y el interés de las marcas por conectarse con ciertos segmentos de la población contribuyeron a que esta práctica adquiriera valor económico.
“Esto no significa que necesariamente haya perdido su espontaneidad, sino que la industria ha aprendido a reconocer y aprovechar su capacidad para atraer audiencias”, afirmó.
¿Por qué conecta con el público?
Para el sociólogo, el interés que despierta el estilo libre también está relacionado con la identificación que muchos jóvenes sienten con sus exponentes.
Brito explicó que estos artistas ofrecen un lenguaje familiar y experiencias reconocibles, además de representar sectores que históricamente tuvieron menos presencia en los espacios culturales dominantes.
Las redes sociales refuerzan esa conexión al permitir que los seguidores conozcan las historias de los artistas y se sientan parte de sus comunidades.
«El público no sólo consume música; también encuentra referentes con los que se identifica y una cultura de la que quiere sentirse parte», afirmó.


