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sábado, agosto 15, 2026
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Cuando llega el lobo

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Las excusas Se perdieron, están perdidos detrás de las mamparas que reproducen la magnificencia del régimen. Quedaron atrapados entre el atrezzo del espectáculo, también están los hilos de las justificaciones. Hay interferencias en el audio que reproduce las alabanzas del coro que ha transmitido el entusiasmo y aviva la alegoría del Cambio.

¿Cuándo ocurrió? De repente no lo ha sido. La farsa ética con sus chamanes funcionó tan bien que los nuevos ocupantes de Palacio-2020-Parecían arcángeles y querubines dispuestos a proteger el tesoro y perseguir a los depredadores del viejo gobierno.

Fin de la impunidad, pero para otros, no para nosotros y la acción judicial sólo será válida contra los autores de la corrupción administrativo-morada.

Comenzó descaro y desprecio. La evaluación del desempeño de los servidores judiciales y representantes del ministerio público ha dependido del trámite con esos casos, el resto vendrá por añadidura, aunque no llega. Por eso el desastre carcelario resultó preocupante cuando la crisis puso en peligro el encubrimiento y la actividad empezó a amortiguar la ira, siempre dispersa, siempre controlada.

La obsesión por las reformas comenzó hasta el punto de ser ridículamente innecesarias. Legiferar para la contemplación y registro y al mismo tiempo el desprecio para la aplicación de las leyes. Un limbo jurídico incomprensible y de consecuencias previsibles. Un primer período de acontecimientos y loca grandilocuencia teórica. Finta y no da para sumar y garantizar fidelidad.

El tradición política criolla Reitera que las muertes de campaña no se pagan, pero las deudas y las promesas deben ser honradas. Cada uno como caballeros, todos juntos como los bribones que son, se encargan de recordarle el favor al jefe y quedan complacidos. Algunos con esplendor, otros con tacañería, pero aceptan, seducidos por la nómina pública.

Desde los tarantines con nombre de partido político adscrito al Cambio hasta los adlaters, prenombres, parientes, reales o putativos, han recibido su parte. Fiesta y mañana gallo ha sido el santo y seña, ahora la sensación de gallo es preocupante.

Ante la entronización de la narcopolítica, el legendario narcotraficante Florián Feliz Retó al juez que le pidió en la audiencia que se quitara las gafas oscuras. Ven, quítamelos, dijo el jefe. Entonces pregunté, en alusión a la fábula de Esopo, si había llegado el lobo – Grados Celsius – CLARO -. Semejante demostración de poder predijo el imperio del crimen.

Hoy, el colectivo, lejos del deslumbramiento inicial que produjo el abinaderismo, percibe que se impone el caos, la inseguridad, el predominio de la impune plaga de motociclistas. Dueños de calles, plazas, carreteras, amenazan y agreden a los ciudadanos que no cumplen con sus diseños.

Las autoridades, indiferentes a las advertencias, dejaron llegar al lobo. Los delincuentes motorizados cometen delitos amparados por la impunidad que los ampara.

Existen acuerdos no escritos de cumplimiento irrenunciable y concesiones inadmisibles en un Estado de derecho. El apoyo militante del maestro de Fenamoto a la campaña presidencial auguraba estos fangos.

El desbordamiento podría evitarse aplicando la ley de “Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial”, un texto que se convirtió, inexplicablemente, en una quimera. Las advertencias fueron consideradas agravios, complicidad con el pasado. Repetir “fallamos” no previene, confirma la presencia del lobo, ratifica el peligro, la desprotección.

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