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sábado, agosto 29, 2026
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Cuando hacer lo correcto puede costar el puesto

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El discurso de despedida del mayor general retirado. Andrés Modesto Cruzquien estuvo apenas seis meses (del 17 de febrero a agosto de 2026) al frente de la Policía Nacional, no debe interpretarse como un simple “adiós” protocolario sino como un diagnóstico involuntario de la profunda crisis moral que atraviesa la institución. Al insistir en la integridad ética y la firmeza moral y exhortar a los oficiales a “luchar por lo correcto”, Cruz Cruz reveló que en esa institución hacer lo correcto parece ser la excepción y no la regla.

Su mensaje adquiere una dimensión política e institucional que trasciende una exhortación ética. Hay tres razones que explican esto: permaneció en el cargo sólo seis meses; fue sustituido sin que el Gobierno ofreciera una explicación pública convincente, y decidió dedicar su despedida precisamente a defender la integridad como valor esencial del ejercicio policial. Cruz Cruz pidió a los agentes preservar sus principios éticos y morales y no dejar de “luchar por lo que es correcto, aunque les cueste el puesto de trabajo”.

Para un buen observador, cuando la máxima autoridad de un organismo encargado de hacer cumplir la ley considera que su mensaje final debe ser “ser íntegros, luchar por lo correcto”, está sugiriendo que la integridad aún no forma parte de la cultura institucional. Se invoca la ética como virtud individual precisamente porque aún no se ha convertido en una práctica colectiva.

El discurso revela que el problema de policia nacional No es sólo operativa, sino también institucional y moral. Cuando quien acaba de dirigir la institución advierte a sus subordinados que actuar correctamente podría costarles el puesto, inevitablemente surge una pregunta: ¿Qué encontró durante esos seis meses para considerar necesaria una advertencia de esa naturaleza? No corresponde afirmar, sin pruebas, que Cruz Cruz fue destituido por enfrentar intereses internos. Él nunca lo dijo. Pero precisamente por eso el Gobierno tiene el deber de explicar los motivos de una sustitución tan prematura.

Son lamentables las declaraciones del director general de Ética e Integridad Gubernamental, Milagros Ortizen el sentido de que Cruz Cruz «dijo lo que pensaba» y que sus palabras están amparadas por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Pero ese no es el punto. Milagros Ortiz no habló simplemente como ciudadana comentando las palabras de un exdirector policial: habló como directora general de Ética

e integridad gubernamental. Esa responsabilidad cambia lo que razonablemente podrías esperar de tu reacción.

Lo que dijo Cruz Cruz debería haber llevado a Milagros Ortiz preguntar: ¿Por qué hacer lo correcto podría costarle el trabajo a un oficial de policía? ¿Existen mecanismos dentro de la Policía que protejan el comportamiento incorrecto y perjudiquen a quienes lo enfrentan? ¿El director saliente enfrentó situaciones de corrupción, cobros irregulares, protección o complicidad durante sus seis meses al frente de la institución?

El discurso de Cruz Cruz sitúa en el centro del debate la diferencia entre institucionalidad formal e institucionalidad informal. Se puede aprobar una nueva ley, establecer protocolos, adquirir cámaras corporales, mejorar salarios, etc. Pero si sigue predominando dentro de la organización una cultura que tolera prácticas inadecuadas, protege a ciertos funcionarios, mantiene redes informales de poder y hace sentir al policía con la razón de que actuar con honestidad puede perjudicar su carrera, la institucionalidad informal prevalece sobre la institucionalidad formal.

En este contexto, las declaraciones de Alfredo Pachecoquien reconoció que todavía hay agentes que mantienen la vieja práctica de cobrar “peajes” y otras conductas irregulares, aunque estimó que representan alrededor del 10% de la fuerza policial. Independientemente del porcentaje real, este reconocimiento confirma que la problemática ética y cultural sigue siendo uno de los principales desafíos de la institución.

La gran lección de este episodio es que la reforma policial no fracasará por falta de leyes, regulaciones, equipamiento o cambios en el liderazgo. Fracasará si no confronta la institucionalidad informal: la que se transmite a través de la cultura organizacional, prácticas arraigadas e incentivos que recompensan o castigan ciertos comportamientos.

Cuando un jefe de policía deja el cargo después de sólo seis meses instando a sus hombres a luchar por lo correcto, incluso si les puede costar el trabajo, el país tiene derecho a preguntarse qué está pasando dentro de la Policía Nacional para que cumplir con su deber represente tal riesgo.

hasta

Juan Temístocles Montás

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