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lunes, agosto 17, 2026
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comunidad denuncia desigualdades de género en La Jagua

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América Latina21

Loraine L. Lora L., Juliana A. Romero S., Melina Quintero S. / Latinoamérica21

A finales de marzo de 2025, en una escuela de La Jagua de Ibirico, municipio ubicado en el Caribe colombiano, un grupo de estudiantes, mujeres, hombres y personas LGBTIQ+ se sentaron a contar cómo el regreso repentino de los títulos mineros de carbón de Prodeco SA en 2021 ha impactado sus vidas y su territorio. Durante el espacio hablaron de empleos perdidos, miedos, violencia de género, dependencia económica y discriminación, a su vez, construyeron colectivamente recomendaciones de políticas públicas para la no repetición en la transición justa.

La escena refleja una realidad que a menudo queda fuera de las conversaciones sobre una transición justa. Las voces de la comunidad evidenciaron que los impactos del cierre minero no se viven de la misma manera. Las mujeres y las personas LGBTIQ+ denunciaron barreras que iban desde la exclusión en los espacios de toma de decisiones hasta diferentes formas de violencia y discriminación. Sus experiencias mostraron cómo los roles y estereotipos de género, históricamente arraigados en un territorio marcado por la actividad extractiva, continúan condicionando las oportunidades y participación de quienes habitan el municipio. Entendiendo esta realidad, la Clínica Jurídica de Derechos Humanos de la Universidad del Magdalena y el Semillero de Investigación sobre Transición Energética (STEUnimagdalena) formularon una investigación interdisciplinaria, sociojurídica y participativa, financiada por NRGI: “Deconstrucción de patrones de género como elemento fundamental de la transición justa”. El proceso se convirtió en un espacio de diálogo donde se encontraron conocimientos académicos y experiencias del territorio para imaginar alternativas de transición más justas e inclusivas.

Un municipio adaptado al carbón

La Jagua de Ibirico, en el departamento del Cesar, es uno de los territorios más afectados por la salida de carbón. Durante décadas, la minería impulsó buena parte de la economía local: generó empleos, impulsó el comercio, atrajo población y moldeó los proyectos de vida de muchas familias. Sin embargo, este desarrollo también se basó en profundas desigualdades.

Si bien la mina absorbió principalmente mano de obra masculina, muchas mujeres permanecieron vinculadas a trabajos de cuidados o actividades terciarias. Así, si bien el carbón generó ingresos, también reforzó los roles de género que limitaron las oportunidades para una gran parte de la población.

Cuando Prodeco SA cesó sus operaciones mineras, la decisión se justificó por la caída de los precios internacionales del carbón y los efectos de la pandemia, dejando a miles de personas frente a un escenario de incertidumbre. El impacto fue inmediato. tiendas cerradas,

Los ingresos disminuyeron y muchas familias vieron desaparecer la estabilidad económica que durante años había girado en torno a la minería. El cierre también hizo visibles los problemas que se venían acumulando bajo la superficie desde hacía algún tiempo.

La violencia que aparece tras la mina

Los talleres participativos y grupos focales mostraron que la salida del carbón estaba transformando la economía local, revelando desigualdades estructurales relacionadas con el género y la diversidad sexo-género. Estas percepciones se reflejan en las cifras. En 2024, La Jagua de Ibirico registró 102 casos de violencia de género, principalmente violencia física, sexual y negligencia, según datos del Sistema Integrado de Información sobre Violencia de Género. Sin embargo, detrás de estos números hay una realidad más difícil de medir: los casos que nunca se denuncian.

Durante las reuniones comunitarias, las mujeres hablaron de la desconfianza hacia las vías institucionales y de las dificultades para lograr la autonomía económica en un contexto marcado por la pérdida de ingresos. Las personas LGBTIQ+ reportaron experiencias de discriminación y exclusión que, en muchos casos, continúan limitando su acceso a oportunidades laborales y espacios de participación. Por su parte, los jóvenes expresaron incertidumbre sobre el futuro y reconocieron la necesidad de más información sobre derechos, género y mecanismos para abordar la violencia. Los hombres también compartieron reflexiones sobre las presiones asociadas a los modelos tradicionales de masculinidad, como el estigma, el ridículo y las sanciones sociales hacia quienes ejercen una masculinidad corresponsable.

Los testimonios dejaron una lección importante: una transición justa no sólo implica transformar la economía, sino también cuestionar las relaciones de poder y los imaginarios de género que organizan la vida cotidiana.

La transición justa no puede ser sólo productiva

La experiencia de La Jagua de Ibirico muestra que la transición no se puede reducir al cierre de minas o a la sustitución de una actividad económica por otra. Si las desigualdades estructurales permanecen intactas, el nuevo modelo podría replicar las mismas exclusiones del anterior.

En este contexto, el trabajo desarrollado por la Clínica Jurídica y la STEUnimagdalena buscó ir más allá del diagnóstico. La investigación permitió construir recomendaciones de políticas públicas a partir de las voces de la propia comunidad, abriendo un espacio para que las personas afectadas por el cierre minero imaginen alternativas para el futuro de su territorio.

Las recomendaciones coincidieron en una idea central: la transición debe poner a las personas en el centro. Las mujeres insistieron en la necesidad de fortalecer su autonomía económica; La población LGBTIQ+ pidió ser reconocida e incluida efectivamente en las políticas públicas; los jóvenes exigieron espacios reales de participación; y los hombres resaltaron el

importancia de promover procesos educativos que cuestionen la violencia y los estereotipos de género.

La academia contra el extractivismo académico

En territorios históricamente marcados por el extractivismo, surge también una pregunta para quienes investigan: ¿qué pasa cuando llega la academia, recoge testimonios, produce conocimiento y se va? Por este motivo, la investigación optó por un proceso de co-construcción. El propósito no era hablar en nombre de la comunidad, sino generar insumos que pudieran fortalecer sus procesos de incidencia. Los hallazgos y recomendaciones ya han sido compartidos con actores locales, instituciones y organizaciones vinculadas al territorio.

El desafío ahora es que estas propuestas no se queden únicamente en informes o documentos técnicos. La transición en La Jagua de Ibirico ya está en marcha. La pregunta es si será una transición marcada por el abandono o una oportunidad para construir un futuro más justo e inclusivo.

Este artículo forma parte del compendio “Clínicas Jurídicas Ambientales en América Latina y el Caribe: formación, territorio y justicia ambiental”, publicado en mayo de 2026 por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, la Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales de América Latina y el Caribe y América Latina21.

Loraine Lorena Lora Laguna es economista y joven investigadora de STEUnimagdalena, comprometida con la transición energética justa, la reconversión laboral, la transformación social y de género en los territorios que salen de la minería del carbón.

Juliana Andrea Romero Satizabal es estudiante de derecho, conciliadora en derecho y plantón del Grupo de Investigación en Conocimientos Jurídicos de la Universidad del Magdalena, comprometida con los derechos humanos, la defensa de las poblaciones vulnerables y el género.

Melina Quintero Santos es magíster en derecho, profesora universitaria e investigadora en derechos humanos y género. Investigador del grupo Conocimiento Jurídico y coordinador de la Clínica de Derechos Jurídicos de la Universidad del Magdalena. Miembro de la Red Iberoamericana de Mujeres por la Acción Climática.

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