La administración de Donald Trump ha lanzado la iniciativa político-militar Escudo de las Américas, un proyecto que busca enfrentar el narcotráfico, la trata de personas y otros crímenes transnacionales en el Hemisferio Occidental, al tiempo que fortalece la seguridad estratégica de Estados Unidos.
El plan contempla operaciones conjuntas con tecnología militar avanzada, radares, sistemas de vigilancia y armas sofisticadas, para interceptar embarcaciones, avionetas y redes criminales que operan cerca de las fronteras estadounidenses.
La bilateral se desarrolló como parte de la agenda del presidente Abinader durante su participación en la cumbre “Escudo de las Américas”.
Además, incluye una inversión de más de 175 mil millones de dólares en un sistema antimisiles compartido, con bases y radares desplegados en distintos puntos de América Latina y el Caribe. Este escudo permitiría interceptar amenazas balísticas dirigidas hacia EE.UU. desde la región.
El politólogoel mercado franklinConsultado sobre la iniciativa, explicó que el acuerdo otorga a Washington un margen de acción especial: «Estados Unidos podría realizar operaciones militares en el espacio aéreo y marítimo de países aliados sin necesidad de solicitar permisos previos, amparados en un pacto de protección conjunta».
Mercado agregó que este tipo de proyectos redefine la relación de poder en la región: «No se trata sólo de combatir el crimen organizado; también es un mecanismo de influencia geopolítica que coloca a Estados Unidos como garante de la seguridad hemisférica».
Respecto al impacto en países como República Dominicana, el experto señaló: “La instalación de bases antimisiles o radares en el Caribe convierte a estas naciones en piezas estratégicas de un tablero militar global, con beneficios de seguridad, pero también con riesgos de soberanía”.
Finalmente, Mercado advirtió que la iniciativa abre un profundo debate: «El Escudo de las Américas puede interpretarse como una alianza defensiva, pero también como una ampliación del radio de acción militar estadounidense en el continente. La cuestión es hasta qué punto los Estados aceptarán ceder parte de su autonomía en nombre de la seguridad compartida».




