P. Profesor, ¿cómo corregir el “deterioro del río Nizao”, por el que Medio Ambiente lo declara “Emergencia Ambiental”?
R. Devolverle su bosque de galería y frenar total y radicalmente la extracción de áridos de su cauce. Es decir, previamente a cualquier medida técnica viable de remediación, Medio Ambiente debe iniciar la plantación o plantación masiva de árboles ribereños, capaces de devolver el verdor eliminado por palas mecánicas, dragas y retroexcavadoras, retirando gravas, gravas y arenas de su cauce y sus riberas. Plantar únicamente Ceiba, Mara, Caracolí, Javilla Criolla, Mamey, Anacahuita, Amapolas e Icaco, que son las especies nativas más adecuadas para el encauzamiento natural del río y estabilización de sus riberas.
La mayoría o la totalidad de estas especies ribereñas se encuentran en el Banco de Semillas y Viveros de la institución o en el Jardín Botánico Nacional, que estará encantado de entregárselas. Pero no pensemos nunca en la Caliandra, la Leucaena o el Lino o la Acacia mangium, que desgraciadamente son las alternativas más fáciles, pero las peores, porque son especies exóticas, invasoras y casi siempre arbustivas, que son devoradas por animales trashumantes o forman desiertos verdes, porque son desconocidas para las especies de animales salvajes, en particular los reptiles endémicos y las aves autóctonas.
Esperemos que esta vez Medio Ambiente no caiga en la trampa antiecológica, egoísta y criminal de retirar áridos o material granular del cauce o riberas del Nizao, con el pretexto de encauzar, rellenar o acondicionar el cauce. Con esta historia, esta importantísima fuente de agua ha sido destruida sin piedad y provocado los terribles impactos que sufre este río, el más afectado del país.



