Antonio Francisco Rando/Latinoamérica21
Las terapias de conversión, conocidas como ECOSIEG (Esfuerzos para Cambiar la Orientación Sexual y la Identidad y Expresión de Género) no representan prácticas pasadas o marginales: son el indicador más regresivo de una ofensiva global contra los derechos LGBTIQ+, la arista del avance imparable del ultraconservadurismo global. Esta reacción se basa en el concepto de “ideología de género” como motor de movilización.
Colombia representa un ejemplo paradigmático. Este es un país que en América Latina avanzó rápidamente en la lucha por los derechos LGTBIQ+ pero que en los últimos años se ha estancado en la prohibición de los ECOSIEG, prácticas que la ONU cataloga como tortura. El revés colombiano, lejos de constituir una contingencia, es el síntoma de una desgana que opera a nivel planetario.
Terapias de falsa conversión
Los partidarios de ECOSIEG aseguran que la orientación sexual o identidad de género (SOGI) de una persona puede y, sobre todo, debe cambiarse. Sin embargo, estas prácticas, además de cuestionar la naturaleza misma de la homosexualidad, no son terapias, sino procedimientos altamente discriminatorios, crueles, inhumanos y degradantes. La ONU, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Asociación Mundial de Psiquiatría los consideran violaciones de derechos humanos, calificándolos de malos tratos, incluida la categoría de tortura. Tanto la ONU como el Consejo de Europa exigen su prohibición.
Sus “técnicas” lo corroboran: dentro de estos “tratamientos”, sin ningún fundamento médico-científico, incluyen humillaciones, aislamiento y encierro, medicación forzada, golpizas, violaciones, descargas eléctricas, drogas y prácticas religiosas coercitivas, entre otras cosas. Sus efectos psicológicos y físicos son duraderos e implican graves riesgos para la salud.
Ya en 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) eliminó la homosexualidad del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-II), concluyendo que no se trataba de una enfermedad, ya que no conlleva deterioro psicológico ni inadaptación social. Y en 1990 la OMS eliminó la homosexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).
Sin embargo, poco después de la sentencia de la APA, en 1976, llegó la reacción del grupo cristiano ultraconservador estadounidense Exodus, vinculado al movimiento «exgay», que sostenía que la orientación sexual no era innata y podía revertirse a través de Jesucristo. En 2013, su presidente Alan Chambers dio fe de la inutilidad de tales argumentos: disolvió la organización y pidió disculpas. Sin embargo, la influencia del Éxodo ya se había arraigado en América Latina.
El ECOSIEG hoy
Hoy las terapias ECOSIEG se llevan a cabo en más de sesenta países, especialmente en África, América Latina, el Caribe y Asia. Otros Estados, por el contrario, los han prohibido o perseguido penalmente: Malta, Canadá y Francia los clasificaron como delitos; Brasil y Ecuador los expulsaron del ámbito sanitario mientras que Chile los desterró como problema de salud mental. En España, que podría servir de referencia regional, la legislación estipula una amplia prohibición de las terapias de conversión, seguida de un régimen sancionador en cuanto a su promoción y aplicación, reforzando la protección de los derechos LGTBI. Actualmente, el Congreso español debate la persecución penal de la ECOSIEG.
La “ideología de género” como construcción axial
El ultraconservadurismo al que se hace referencia requiere una cobertura cultural y metodológica, y el constructo de la “ideología de género” proporciona un incentivo para que el ECOSIEG opere con impunidad y, al mismo tiempo, genere una resistencia sistemática a cualquier intento legislativo de perseguirlos.
El concepto-constructo carece de base científica, siendo más bien una herramienta discursiva y movilizadora. Surgió en Europa y se estructura en una reacción hacia las conquistas LGTBIQ+, que se configurarían, según esta narrativa, como supuestas “amenazas” a la familia tradicional, al mismo tiempo que niegan la biología. El patrón de actuación contra las personas LGTBIQ+ pasa por limitar el reconocimiento de la identidad de género, restringir los traslados de mujeres trans a cárceles de mujeres y eliminar o suspender los tratamientos médicos de transición de género.
Sus pancartas de apoyo se centran en grupos y medios conservadores y en la Iglesia católica, incluido el Papa Francisco (que llama a la “ideología de género” “el peor peligro de nuestro tiempo”). En América, es adoptado firmemente por líderes como Trump, Milei, Bukele, Bolsonaro e hijos, Kast, Asfura y Rodrigo Chaves, así como otros grupos en México y la región.
¿Qué está pasando en Colombia?
La persecución penal de ECOSIEG en Colombia tomó forma en 2021. En 2022, diversas organizaciones sociales y LGBTIQ+ presentaron más de cuarenta mil firmas al Congreso, en el marco de una iniciativa legislativa popular, que tomó la forma de un proyecto de ley denominado extraoficialmente “nada que curar”. Éste establece un doble objetivo: la prohibición de ofrecer, practicar, publicitar o financiar con recursos públicos la celebración de eventos masivos que promuevan el ECOSIEG; y su persecución penal. Sin embargo, no los tipifica como un delito autónomo, sino como agravantes (genéricas) de delitos de “tortura” y “actos discriminatorios”, cuando se cometen con la intención de cambiar la orientación sexual o la identidad de género.
La iniciativa fue archivada. Sin embargo, en noviembre de 2022 fue presentado nuevamente como “Proyecto de Ley No. 272” y en 2023 avanzó en la Cámara de Representantes, aunque volvió a estancarse en 2024 en el Senado debido al despliegue de estrategias dilatorias por parte de los senadores para retrasar deliberadamente el avance del proyecto, torpedeando su regreso a la Cámara para su aprobación y posterior sanción presidencial antes del cierre legislativo.
La resistencia de la sociedad al proyecto de ley en Colombia se materializó con alegatos de la oposición sobre la defensa de la familia, la libertad de culto y la autonomía médica.
Sin embargo, la activista trans Danne Aro Belmont, directora ejecutiva de la Fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a las Personas Trans), considera que el momento actual es favorable por la mayoría a favor en el congreso, aunque derecha y extrema derecha mejoraron sus posiciones en las últimas elecciones legislativas de marzo de 2026.
El análisis del caso colombiano, uno de los últimos reveses para los derechos LGTBIQ+ en la región, podría verse como una rama de la lucha global entre la cresta de la creciente ola de extrema derecha y quienes intentan revertirla. Los obstáculos que se oponen a la promulgación de normas contra la ECOSIEG se deben no sólo al terreno político; más bien, presentan un marco cultural y social que apoya su continuidad.
La lección colombiana muestra que el desarrollo de leyes anti-ECOSIEG requiere inevitablemente un trabajo previo de concienciación cultural y política.



