jurisdicción del partido constituye un escenario ideal para el régimen de la mentira. Este terreno está fertilizado por un concierto de intrigas, estimulado por competencias carentes de ideas y concentrados en la personalización de la disputa. Se desarrolla así un terrible proceso de desconsideración e insultos, falsamente atribuidos a la cultura de la competencia, y que dejan heridas difíciles de sanar. Además, con su carga estructuralmente descalificante, las reyertas fertilizan el camino fratricida donde los compañeros de siempre, heridos en la lucha, Actúan intensamente con el afán de generar derrotas a sus rivales internos..
Gregorio Luperón peleó con Ulises Heureaux; Trujillo distanció a Rafael Estrella Ureña del gobierno; Balaguer se peleó con Augusto Lora; y los conflictos entre Guzmán, Jorge Blanco, Majluta, Peña Gómez, Hipólito Mejía, Hatuey De Camps, Miguel Vargas caracterizaron trifulcas lamentables.
La verdad es que Los ciclos de confrontación están guiados por distorsiones. en la capacidad de desactivar el sentido común y la racionalidad, dando material a reacciones salvajes, raíz de modalidades que desplazaron al mundo de las redes sociales lo que antes era exclusivo del ámbito político. Ahora, esta lógica destructiva está instalada en trincheras tecnológicas llenas de “expertos” en falsedades, siempre dispuestos a inducir un arsenal de métodos capaces de nublar el juicio sereno y la tranquilidad de los ciudadanos.
Cuesta incluso comprobarlo, pero más del 80% de quienes buscan información suelen priorizar lo que aparece en las redes. En este entorno, el 62% de lo que se coloca como noticia resulta completamente falso, con el agravante de que el 70% de estos lectores no sabe distinguir entre la certeza y la falsedad de lo que se supone un hecho noticioso. Antes las luchas eran consideradas estrictamente políticas, con tintes personales. Ahora, El escenario de las disputas se erige en el mundo digital.
Desafortunadamente, Los vientos mentirosos comienzan a revelarse.avanzan vía portavoces digitales erróneamente convencidos de que su presencia en plataformas o cualquier mecanismo tecnológico los convierte en dueños de la verdad. La tarea democrática exige evitar que el ruido digital reemplace por completo la conversación pública y que quienes sólo se representan a sí mismos intenten secuestrar la agenda social.



