
Desde la perspectiva constitucional, el simple cumplimiento de los requisitos potencia el derecho a una aspiración. Ahora bien, cuando quien ejerce este legítimo derecho no reúne las extraordinarias cualidades que determinados cargos exigen, su compromiso lleva a exigir exigencias a una ciudadanía capaz de tomarse muy en serio la idoneidad necesaria para estar a la altura en el desempeño del cargo.


