La polémica internacional comenzó cuando la senadora paraguaya Celeste Amarilla hizo comentarios contra el futbolista francés. Kylian Mbappé. «En lugar de leche materna, chupaba cocos y los más educados que escuchó fueron chimpancés», dijo. En Argentina, Hebe Casado, vicegobernadora de la provincia de Mendoza, había publicado, tras la victoria de Francia por 1-0 sobre Paraguay en octavos de final del Mundial 2026, un mensaje en
El último ataque lo realizó el expresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, cuando dijo que la selección francesa juega “sin francés”. Estos mensajes demuestran “ignorancia” o “un racismo sin complejos“, explicó a RFI David Moscoso, sociólogo deportivo de la Universidad de Córdoba.
Para el investigador, es inaceptable que en pleno siglo XXI todavía haya quienes defiendan “la supremacía de la raza blanca” y ignoren la historia de la humanidad. «Somos una especie desplazándonos por el planeta desde hace dos millones y medio de años. Somos una especie animal que se caracteriza precisamente por su movilidad, por habernos asentado por todo el planeta y haber ido pasando de civilización en civilización».
¿Estrategia política?
Sin embargo, Moscoco no descarta que los políticos asuman estos comentarios como una estrategia política, especialmente en España, «donde la derecha compite actualmente con la extrema derecha», cuyos discursos políticos buscan convertir el racismo en una virtud, especialmente señalando a los extranjeros como la causa de todos los males. «Esto acaba repercutiendo en el deporte. Los datos de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte nos muestran que las propuestas de sanciones por actos racistas y xenófobos han aumentado un 933% en las dos últimas temporadas de fútbol».
Las personas que comparten discursos de odio encontrarían en el fútbol un lugar para decir lo que piensan sin miedo a ser juzgados, según el especialista. “En los últimos tiempos ha habido mucha preocupación entre los clubes deportivos de fútbol por abordar estos discursos”.
«En los últimos dos años he tenido la oportunidad de realizar estudios para la Liga española que me han encargado para conocer la posición de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas. Hay una posición unánime en que hay que combatir el discurso del odio: no es legítimo que el fútbol se convierta en un espacio de violencia», concluyó.



