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lunes, agosto 17, 2026
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Tania Báez “empezar de nuevo no es fracasar”

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Rosmery Martinez

La experiencia ha dado Tania Báezexperiencia profesional en diversos ramos, pero también la seguridad de saber lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere, y eso es algo innegociable, según ha demostrado en estos años.

Hoy Báez se encuentra en una etapa creativa en su carrera, lo que la ha llevado a explorar su capacidad profesional y de allí nació “Sin pedir permiso”, un proyecto teatral que representa su madurez en todas sus facetas.

¿Qué te inspiró a escribir esta obra?

La necesidad de decir en voz alta conversaciones que llevábamos años susurrando. Durante mucho tiempo, las mujeres han aprendido a aguantar, a guardar silencio y a adaptarse. Sin pedir permiso, nace del deseo de poner esas verdades sobre la mesa, sin dramatismo, sin victimismo y con humor. Es una obra sobre la vida real: equivocarnos, reconstruirnos y volver a elegirnos.

“Sin pedir permiso”, se trata de revolucionar, de acompañar y ¿por qué no? también para molestar a un sector que, pese a todo, todavía sigue cuestionando a las mujeres por ser ellas.

En este viaje, Tania está acompañada de un grupo de mujeres, a quienes define como ideales para la obra escrita y producida por Báez. Carla Hernández, Rosmery Herrand, Pamela Sued y Milagros GermánSerá el jueves 19, viernes 20, sábado 21 y 28 de marzo en el Escenario 360.

¿Qué fue lo que te llamó la atención de cada uno?

Quería mujeres reales, no personajes perfectos. Milagros tiene una enorme profundidad emocional, Pamela una poderosa cercanía generacional, Rosemary una verdad fresca y sin filtros, y Carla representa la nueva mirada, vulnerable y valiente. Juntos hemos estado hablando durante cinco décadas. No es un casting: es una conversación viva entre generaciones.

¿Qué ha sido lo más satisfactorio de trabajar con este grupo?

Hemos llorado, reído y construido juntos a partir de nuestras propias historias. Este proyecto nos unió más allá del escenario y confirmó algo hermoso: cuando las mujeres colaboran, la competencia desaparece y aparece la creación.

¿Cuál es el mensaje que le gustaría que la gente se llevara cuando vea el trabajo?

¡Hay muchos! Que vivir auténticamente siempre merece la pena. Que no hay edad para empezar de nuevo. Y que muchas de las cosas que creemos que sólo nos pasan a nosotros… en realidad nos pasan a todos. Que nadie esté solo en sus dudas. Que empezar de nuevo no es un fracaso. Y que muchas conversaciones difíciles pueden convertirse en puentes si nos atrevemos a tenerlas. Este trabajo no busca dar respuestas; busca abrir conversaciones en parejas, familias y amigos.

¿Cómo te hicieron sentir los ataques y reacciones despectivas sobre lo que mereces o no mereces a tu edad?

Más que afectarme, me confirmó que aún quedan conversaciones pendientes sobre la discriminación por edad y el derecho de las mujeres a elegir. Me sorprendió menos de lo que la gente piensa. Cuando una mujer habla libremente, siempre incomoda a quienes aún viven con miedo.

Me confirmó que todavía hay malestar cuando una mujer madura habla desde una elección y no desde una resignación. Pero también abrió una conversación necesaria sobre la discriminación por edad y el derecho de las mujeres a seguir deseando, soñando y eligiendo a cualquier edad.

¿Te afectó el comentario de Luisín Jiménez?

No. Me preocupó más de lo que me afectó, porque abrió una conversación necesaria. Si algo provocó fue la reflexión. Y si una conversación incómoda ayuda a desafiar viejas ideas, entonces ha servido para algo.

¿Qué viene después?

Creo que a “Sin pedir permiso” le quedan muchos sueños de llevarla a escenarios internacionales. Estoy en una etapa en la que quiero crear, producir y actuar desde lugares que tengan un propósito. Hoy elijo proyectos que me retienen.

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