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lunes, agosto 17, 2026
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más controles y menos discursos

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Él viernes 19 de junio Asistimos a un importante evento patrocinado por los organismos competentes para garantizar la seguridad alimentaria.

La actividad, organizada por el Ministerio de Salud PúblicaIndocal y otros organismos gubernamentales, estuvo dirigido a la industria, la producción agrícola y los consumidores.

Cada año, cuando se conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, la reflexión debe ir más allá de una fecha del calendario. Esto debería llevarnos a preguntarnos qué tan protegidos están los consumidores dominicanos frente a los riesgos presentes en los alimentos que llegan a la mesa.

El seguridad alimentaria No es un tema baladí ni exclusivo del sector agrícola o de la industria alimentaria; Es un componente esencial de la salud pública. Los alimentos inseguros pueden causar enfermedades, afectar la calidad de vida de las familias y generar costos económicos y sociales que terminan recayendo en los consumidores.

En nuestro país persisten desafíos relacionados con la aplicación efectiva de las normas sanitarias, la vigilancia y el control a lo largo de toda la cadena alimentaria: desde la producción primaria hasta la venta final. Tener estándares establecidos es esencial, pero la regulación sin suficientes mecanismos de aplicación, supervisión, seguimiento y consecuencias pierde efectividad.

Uno de los grandes desafíos es la contaminación de los alimentos. Los riesgos pueden ser de origen biológico, como bacterias, virus y otros microorganismos asociados a malas prácticas de manipulación, almacenamiento o conservación; Pero también existen riesgos químicos derivados de residuos de pesticidas, contaminantes ambientales, uso inadecuado de sustancias en la producción agrícola o la presencia de elementos que afectan la salud a largo plazo.

Él uso de pesticidas merece especial atención. La agricultura necesita herramientas para controlar las plagas y garantizar la producción, pero su uso debe basarse en criterios técnicos, respetando dosis, tiempos de espera y sustancias autorizadas. Cuando estos controles fallan, el consumidor queda expuesto a residuos químicos que, dependiendo de la concentración y exposición acumulada, representan un riesgo para la salud. Algunos tipos de cáncer están relacionados con la contaminación química.

Otro aspecto preocupante es la necesidad de fortalecer la vigilancia sanitaria. La protección del consumidor requiere inspecciones eficientes, laboratorios con capacidad suficiente, seguimiento de los productos y transparencia en la información. La población tiene derecho a saber qué controles existen, cómo se realizan y qué pasa cuando una empresa o productor incumple.

El régimen de consecuencias también es fundamental. Las normas sanitarias deben ir acompañadas de sanciones proporcionales y efectivas para quienes pongan en riesgo la salud de la población. La falta de consecuencias crea incentivos para que algunos actores prioricen la reducción de costos sobre la seguridad alimentaria.

La seguridad no debe verse como una barrera a la producción o el comercio, sino como una garantía de calidad, confianza y protección. Un país que aspira al desarrollo debe fortalecer sus sistemas de control de alimentos, promover buenas prácticas agrícolas y manufactureras y colocar al consumidor en el centro de las políticas públicas.

En cuanto a la Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentosel llamado debe ser claro: necesitamos alimentos seguros, instituciones fortalecidas y una cultura de prevención donde productores, autoridades, comerciantes y consumidores compartan responsabilidades. La salud de la población no puede depender de la suerte ni de la ausencia de controles; Debe ser el resultado de un sistema alimentario responsable, transparente y monitoreado.

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