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domingo, noviembre 8, 2026
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Lo viral no siempre construye

Deberías Leer

Dayanara Reyes Pujols

La escena ya nos resulta familiar: una figura pública, un audio de moda, un paso de baile y miles de visualizaciones en pocas horas. La pregunta que rara vez nos hacemos es la más importante: ¿eso genera confianza o simplemente ruido?

Las redes sociales abrieron una puerta valiosa. Hoy un diputado, un alcalde o un ministro pueden hablar directamente a los ciudadanos, sin intermediarios, y en el lenguaje de las nuevas generaciones. Ésa es una oportunidad democrática.

Pero sólo porque la puerta esté abierta no significa que tengas que cruzarla cada vez que suena una canción.

el valioso

Seamos justos con las tendencias. Bien usados, humanizan. Acercan a los jóvenes a temas que antes sentían lejanos. Te permiten explicar una ley en 30 segundos o mostrar el trabajo de un ministerio con creatividad.

La Generación Z y Alfa crecieron con los vídeos cortos como lenguaje propio. Quien quiera hablar con ellos tiene que aprender ese idioma. Eso no está en discusión. Lo que está en discusión es otra cosa: el contenido que se elige y el momento.

el riesgo

Una tendencia dura días. Una reputación se construye con los años. Y en Internet, lo que gusta hoy puede convertirse mañana en el meme que acompañe toda noticia importante.

Los datos nos invitan a pensarlo dos veces. Según el Digital News Report 2024 del Instituto Reuters, el 59% de las personas encuestadas dicen estar preocupadas por distinguir lo real de lo falso en Internet. Es decir, el público está alerta y desconfiado.

En nuestra región, el Informe Latinobarómetro 2023, de la Corporación Latinobarómetro, encontró que solo el 48% de la población apoya la democracia como forma de gobierno. Cuando la confianza institucional es tan sensible, cada gesto público comunica. También el baile.

La cuestión no es si una figura pública puede ser divertida. La cuestión es si lo que publicas es coherente con lo que representas.

liderazgo femenino

Aquí hay un matiz que vale la pena poner sobre la mesa. A las mujeres en política se las mira con otra lupa: su ropa, su tono, su cuerpo, su forma de reír. El estudio «Sexismo, acoso y violencia contra las mujeres parlamentarias», publicado por la Unión Interparlamentaria (UIP) en 2016 con testimonios de parlamentarias de 39 países, encontró que el 81,8% había experimentado violencia psicológica en el ejercicio de su cargo, gran parte de ella en las redes sociales.

Eso no significa que las mujeres deban mantenerse alejadas de las redes. Significa algo más poderoso: que puedan ocuparlos desde el contenido, la propuesta y la propia voz. Un líder que explica, que es responsable y que muestra resultados construye una presencia que ninguna tendencia puede quitarle.

Cuatro preguntas

Mi propuesta es sencilla. Antes de sumarse a una tendencia, cualquier figura pública, y también cualquiera de nosotros, podemos plantearnos estas cuatro preguntas:

¿Me acerca a mi mensaje o me aleja de él?

¿Es coherente con el cargo o responsabilidad que tengo?

¿Lo harías aunque no fuera viral?

¿Estaría orgulloso de verlo dentro de cinco años?

Si las cuatro respuestas son afirmativas, adelante: deja que suene la música. En caso de duda, tal vez esa ola no fuera para ti.

La coherencia primero.

La viralidad es un momento. La reputación es una trayectoria. Y la confianza, tan escasa hoy en día en nuestra región, se gana con coherencia, no con algoritmos.

No todo lo viral construye reputación. Pero todo lo consistente, con el tiempo, genera confianza.

Ahora les pregunto: ¿debería una figura pública sumarse a las tendencias? Te leo en mis redes. Hablemos.

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