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martes, agosto 18, 2026
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La vieja política cayó en crisis

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Hoy.

Por Chiqui Aguilera

Periodista

El política tradicional No está siendo derrotado por una nueva generación de políticos, sino por sus propios errores. Cuando los partidos dejan de escuchar al pueblo, abandonan su vida institucional y reemplazan las ideas por la lucha por el poder, el vacío nunca queda vacío, alguien termina ocupándolo.

Desde 2014 escucho un concepto que me llamó la atención. La primera persona que me lo escuchó fue el actual presidente de la República Dominicana, Luis Abinaderquien habló insistentemente de “la nueva política”.

A partir de entonces se inició un proceso de transformación en el escenario político nacional. Algunos partidos emergieron con fuerza, mientras que otros iniciaron un acelerado proceso de desgaste. Las organizaciones tradicionales fueron perdiendo apoyo ciudadano y nuevas fuerzas comenzaron a ocupar espacios que antes parecían inalcanzables.

Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿realmente nació una nueva política o simplemente vimos a los mismos actores presentarse con un discurso renovado?

Hoy se habla constantemente de nuevos líderes, con la diferencia de que muchos ya no provienen de partidos políticos. Entonces surge otra pregunta: ¿puede un extraño convertirse en Presidente de la República Dominicana sin el apoyo de una estructura partidaria sólida?

Lo cierto es que, en los últimos años, han surgido nuevos actores sociales, muchos de ellos provenientes de plataformas digitales. Han sabido conectar con el descontento ciudadano y convertir problemas acumulados durante décadas en denuncias en un discurso que encuentra eco en una población a través de las redes sociales, cansada de escuchar las mismas promesas.

Pero también debemos preguntarnos: ¿de quién es la responsabilidad de que estos actores hayan encontrado ese espacio?

No pretendo hacer preguntas cuyas respuestas ya conocemos. En mi opinión, la responsabilidad recae, en gran medida, en la clase política tradicional.

La oposición, porque en muchas ocasiones ha sustituido la construcción de una verdadera identidad partidaria por una crítica permanente al gobierno de turno, sin presentar una visión de país que emocione a los ciudadanos.

Y quienes gobiernan tampoco escapan a esa responsabilidad. Con frecuencia utilizan a los partidos como vehículos para alcanzar el poder y, una vez obtenida la victoria, relegan la vida partidaria a un segundo plano. La gestión pública absorbe todos los esfuerzos y se abandona la estructura política que los llevó al poder.

Esta desconexión entre partidos y sociedad ha abierto una enorme brecha que hoy es aprovechada por personas sin formación política, sin experiencia en la administración pública y, en algunos casos, sin una carrera que inspire confianza. No porque la política deba ser un club cerrado, sino porque gobernar una nación requiere preparación, responsabilidad y un profundo compromiso con las instituciones.

Y sí, parte de la responsabilidad recae sobre ustedes, los líderes de la política tradicional. La falta de credibilidad, el abandono de las bases y la desconexión con la ciudadanía han permitido que figuras con trayectorias seriamente cuestionadas encuentren espacio para convertirse en referentes para una parte de la población.

Hemos llegado al punto en que, para muchos, el pasado de algunos aspirantes parece haber dejado de importar. La indignación contra la clase política ha sido tan grande que, en ocasiones, el rechazo al sistema pesa más que la trayectoria, preparación o antecedentes de quienes pretenden liderar el país.

No recuerdo otro momento en la historia política dominicana en el que personas con antecedentes judiciales o con un pasado ampliamente cuestionado hubieran logrado alcanzar niveles tan altos de apoyo popular. Esa no es una victoria para la nueva política; Es, más bien, el reflejo de la profunda crisis de credibilidad de la política tradicional.

La historia muestra que cuando los partidos dejan de representar las aspiraciones de los ciudadanos, otros llenan ese vacío. Y cuando la política pierde credibilidad, el discurso antipolítico gana terreno.

Por eso, el llamado es a los partidos políticos: abran las puertas a una nueva generación de líderes. Permitir que jóvenes preparados, con vocación de servicio, den un paso adelante. Renueva tus estructuras, fortalece tus instituciones y reconéctate con la gente.

La vieja política no caerá porque haya una nueva política. Caerá porque dejó de hacer política. Y si los partidos no entienden esta realidad, el próximo presidente de la República no podría surgir de una organización fortalecida, sino del cansancio de una sociedad que, cansada de los mismos errores, decide apostar por cualquier alternativa que prometa romper con la sistema.

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