el temido Servicio de Inteligencia Militar (SIM) estaba profundamente asociado con prácticas de Tortura, denuncia y violencia sistemática. durante la dictadura de Trujillo. Esta organización, dependiente de la Secretaría de Estado de Seguridad -al igual que la Policía Nacional, el Servicio de Inteligencia Exterior y la Dirección de Inmigración- funcionó durante aproximadamente cuatro años, desde su creación en 1957. hasta el colapso del régimen en noviembre de 1961. Si bien anteriormente existieron otros organismos de inteligencia, como el Servicio de Inteligencia del Ejército, el Servicio de Secretos Policiales o el Servicio de Seguridad del Ministerio del Interior y Policía, fue el SIM el que, en ese período final, concentró decisivamente las labores de vigilancia, persecución e investigación de la oposición política.
A lo largo de su existencia, la SIM se distinguió por establecer un clima de terror y desconfianza que dejó profundas cicatrices en la sociedad dominicana. Entre los mecanismos de control implementados, la denuncia se convirtió en una herramienta clave, incentivando activamente a la población a denunciar cualquier comportamiento considerado “conspirativo”. Esta práctica se expandió a todos los ámbitos de la vida cotidiana, atravesando diferentes estratos sociales y configurando un entorno de vigilancia permanente sobre la ciudadanía. Como señala el historiador Roberto Cassá en el capítulo “El proceso político de la segunda mitad de la dictadura (1945-1961)”, incluido en el tomo V de la Historia General del Pueblo Dominicano, el SIM tuvo que “constituir un organismo omnipresente, llamado a penetrar todas las instituciones gubernamentales, en los más diversos lugares del país, personas sospechosas, entidades privadas e incluso espacios problemáticos en el exterior… empezando por los propios funcionarios públicos”.
En efecto, el trujillismo aspiraba a controlar completamente la sociedad dominicana, por lo que se dotó de un sofisticado aparato de vigilancia que pretendía controlar «sin fisuras» a los ciudadanos, a quienes convirtió en vigilantes de otros ciudadanos, desarrollando una verdadera estructura burocrática que sirvió como una poderosa red de espías a nivel nacional e internacional. En este contexto, la vigilancia se internalizó hasta dimensiones insospechadas, ya que cada individuo tenía el potencial de convertirse en informante de su entorno. De esta manera, la población no necesitaba ser constantemente reprimida violentamente ya que la gente vivía con la sensación de ser vigilada todo el tiempo, lo que el filósofo francés Michel Foucault denominó en su obra Vigilar y Castigar como una “sociedad disciplinaria”.
Un reflejo de esta realidad lo encontramos en la obra titulada La Era de Trujillo del profesor español, de origen vasco, Jesús de Galíndez, quien describió el ambiente universitario dominicano, señalando que «Cuando llegué a República Dominicana, lo que más me impresionó fue el silencio de los claustros universitarios. El estudiante latino es ruidoso, rebelde, inesperado en sus reacciones. Sus sociedades y partidos tienen un ambiente bohemio. Todas las ideas políticas florecen en la Universidad y estallan disturbios más de una vez. En los países dictatoriales, la revolución surge en una amalgama de profesores y estudiantes. En República Dominicana, la Universidad tiene el ritmo de un seminario conventual». Este testimonio es revelador porque nos muestra cómo terminaron actuando los individuos. “en estado permanente de vigilancia”un mecanismo psicológico que impuso un estricto control sobre la sociedad.
En ese orden, el terror de Trujillo se sentía en las conversaciones privadas, las reuniones sociales e incluso en la intimidad de los espacios familiares. Ciertamente, la denuncia terminó contaminando las interacciones sociales, ya que nadie en el país se sentía a salvo de caer en las garras de la dictadura. Con el tiempo, el fenómeno fue progresivamente normalizado por la tiranía, por lo que su banalización permitió integrarlo a espacios laborales, instituciones educativas, comunidades rurales, etc. En la serie documental Viaje al Centro de la Historia, del documentalista Jimmy Sierra, se detalla el caso del profesor Rafael Yepez, quien impartía clases de nivel básico en el Colegio Instituto Escuela ubicado en la calle Eugenio Perdomo.
Según la narración: «Yépez pidió a sus alumnos que hicieran una composición para el Día de la Madre y un hijo de un congresista aprovechó para tomar como modelo a Doña Julia, madre de Trujillo y el propio cacique. Yépez de la manera más gentil posible intentó hacerle ver al niño que, si bien la madre de Trujillo era muy buena, había otras que merecían sus elogios y que los propios niños, incluido él, podrían luego ser líderes del país con mejores o menores posibilidades que Trujillo. El niño le hizo creer que entendió lo dicho por Yepez y se fue al terminar la clase, pero esa noche Yepez fue arrestado junto con su esposa y su pequeña hija. Al día siguiente dos camiones del ejército reunieron a todo el estudiantado del Instituto y los llevaron a la fortaleza Ozama, el Instituto fue cerrado, luego los niños fueron devueltos a sus casas, pero nunca más se supo del Profesor Yepez, su esposa y su hija..
Sin embargo, no todos los oponentes corrieron un destino tan trágico. Entre las sanciones más frecuentes aplicadas contra los disidentes estuvieron los despidos, persecuciones y marginación social, siempre dentro de la lógica disciplinaria impuesta por Trujillo. Se recuerda que según los datos registrados por el economista José Cordero Michel, el 85% de la población del país trabajaba directa o indirectamente para los Trujillo. Durante la dictadura, este sistema represivo se combinó con el culto a la personalidad. En efecto, la figura del “Jefe” legitimaba acusaciones contra individuos que se suponían actos de lealtad al régimen. Bernardo Vega explica, en el citado documental, que en la época era habitual escuchar términos como “enemigos”, “traidores” o “descontentos”.
Por lo tanto, cuando un “calié” denunciaba a un vecino, compañero de trabajo o incluso a un familiar, su acto podía interpretarse como una muestra de lealtad al “Jefe”, en la persona de Trujillo, cuyo núcleo de poder tenía un marcado carácter familiar y personal, especialmente sus hermanos, hijos, sobrinos, entre otros allegados como Fausto Caamaño, Ludovino Fernández, Antonio Leyba Pou. En la Nómina del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina para el año 1960-1961, publicada en la Revista Ecos por el profesor Antinoe Fiallo, se establece que en pagos por órdenes superiores “a los Trujillo” se registró la cifra de RD$ 1,600.00 pesos, siendo por mucho el monto más significativo existente en todo el documento. En la próxima entrega abordaremos su nivel estratégico en la estructura, veremos quienes tenían cierta capacidad de decisión.



