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lunes, agosto 17, 2026
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¿fractura nacional en medio de la polarización política?

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América Latina21

Colombia: ¿hacia una fractura nacional?

Eduardo Pizarro Leongómez/Latinoamérica21

El domingo pasado se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales y los colombianos quedamos conmocionados, dado que en la segunda vuelta, en apenas tres semanas (21 de junio), se enfrentarán los dos extremos del espectro ideológico en un país que enfrenta una grave (y peligrosa) polarización política y un empeoramiento del orden público interno. Por un lado, el candidato más de izquierda, Iván Cepeda y, por otro, el candidato más de derecha, Abelardo de la Espriella.

El resultado fue una total sorpresa: mientras en el campo de izquierda se daba por segura la victoria de Cepeda (obtuvo 43,7%) en la primera vuelta, en la oposición se creía que la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia (obtuvo 6,9%), encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, lo disputaría por la Presidencia de la República en segunda vuelta. Ambos sectores fallaron en sus previsiones. Abelardo de la Espriella del partido Defensores de la Patria obtuvo el 43,7%.

Una lectura optimista y una lectura pesimista

Ante los resultados electorales, hay dos lecturas de lo que podría pasar en el país. Por un lado, una lectura optimista sería que, dada la tradición electoral de Colombia, esta polarización no va a tener un impacto devastador. Por otro lado, una lectura pesimista sería que el país sufre graves consecuencias en su estabilidad democrática.

En relación a la visión optimista, es importante recordar que, desde el fin de los únicos gobiernos militares que tuvo Colombia en el siglo XX (Gustavo Rojas Pinilla y la Junta Militar de Gobierno entre 1953 y 1958), hemos tenido quince presidentes a lo largo de 68 años. Una estabilidad civil excepcional en el contexto latinoamericano. Incluso Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, asumió el cargo el 7 de agosto de 2022 sin ningún contratiempo, a diferencia de la toma del Capitolio en Washington el 6 de enero de 2021 por los seguidores de Donald Trump indignados por la victoria de Joe Biden o con la toma de la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia el 8 de enero de 2023 por los seguidores de Jair Bolsonaro, molestos con la victoria de Luiz Inácio. Lula da Silva.

Esta tradición política sería motivo de tranquilidad. Sin embargo, hubo una elección que sí generó una grave crisis en el país. En 1970, tras la victoria electoral de Misael Pastrana Borrero, los seguidores del general Gustavo Rojas Pinilla -de discurso populista- alegaron que había habido fraude electoral, salieron a las calles y el presidente Carlos Lleras Restrepo declaró al país en «estado de sitio». Poco después, como reacción a este presunto fraude, surgió el M-19, es decir, el grupo guerrillero en el que sirvió Gustavo Petro.

¿Se parece el actual clima de polarización al clima de 1970, es decir, al de la única elección en la que estuvo en riesgo la estabilidad democrática del país? ¿Vamos a resucitar irresponsablemente de nuevo la sombra del fraude electoral?

Sin duda, en la balanza debemos colocar, de un lado, la larga tradición de gobiernos civiles electos en Colombia, la división de poderes públicos y la autonomía del poder judicial y del otro, la profunda polarización política actual, y a partir de ahí tratar de determinar cuál tendrá mayor peso.

¿Es inevitable la polarización política extrema?

Tras el anuncio de los resultados electorales por parte de los entes oficiales, se generó un clima de tensión que generó muchos temores: por un lado, el irresponsable mensaje del presidente Petro cuestionando la transparencia electoral, que fue replicado por el candidato de su partido, Iván Cepeda. Por otro lado, los discursos incendiarios del propio Cepeda y, posteriormente, de Abelardo De la Espriella tras conocer que ambos se enfrentarían en segunda vuelta, en una lógica de amigos-enemigos.

Estos discursos polarizadores, combinados con la extrema fragmentación del sistema de partidos que ha llevado a una “personalización” incontrolada del liderazgo político y al empeoramiento del orden público, ambos a manos de actores armados de origen político y criminal, pueden volverse explosivos. Nunca debemos olvidar “El Bogotazo” del 9 de abril de 1948.

Por lo tanto, es necesario que la opinión pública se movilice y exija moderación a ambos candidatos en el uso de su discurso. En ningún caso, y menos en la situación actual del país, es responsable de pronunciar discursos de odio. Por otro lado, es fundamental que construyamos “acuerdos sobre los fundamentos” como los llamó en su momento el asesinado líder conservador, Álvaro Gómez Hurtado, que se basan en el respeto a la Constitución de 1991, el Estado de derecho y la división de poderes.

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