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lunes, agosto 17, 2026
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El sembrador examina nuestra fe

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Ya hemos cruzado la mitad del año y ya hemos cruzado la mitad del Evangelio de Mateo. ¿Qué clase de creyentes estamos siendo? Creer es la aventura de responder al sembrador y a su semilla. En Mateo 13:1-23, vemos a Jesús, sentado en un barco y una multitud escuchándolo. Con la parábola del sembrador, Jesús examina la fe de sus oyentes y la nuestra.

Jesús es ese sembrador que ha salido a sembrar la Palabra del Reino. Y la tierra es el corazón de ese pueblo y el nuestro.

La parábola enseña que la Palabra crecerá y dará fruto en uno si uno la escucha y la comprende.

Escuchar no es simplemente oír, sino acoger con toda la mente, el alma y el corazón lo que el Señor nos pide. Mucha gente sabe repetir el catecismo de memoria, pero aún no ha oído la Palabra.

Cuando Jesús dice “entender”, no se refiere al conocimiento intelectual, sino al conocimiento vital. Para entender lo que Jesús propone, primero debemos “tender la mano” a Él y a Su Palabra de vida. La chica enamorada extiende toda su alma hacia su chico y guarda sus proyectos y sueños en su corazón.

El sembrador y la semilla no podrían ser mejores, pero somos malos creyentes, porque nuestra vida despistada se endurece con muchas pisadas como un camino que cualquiera cruza. Nos falta profundidad como al pedregoso. Salimos de un retiro entusiasmados, pero sin raíces y pronto lo que ha brotado se seca. O queremos vivir la Buena Nueva rodeados de deseos egoístas que la ahogan. ¿Una parábola pesimista?

¡De nada! El sembrador cree tanto en la fuerza de la semilla que la arroja sobre caminos, piedras y espinos. El Señor dice que su Palabra no volverá a Él vacía, ¿y tú?

Escucha: ¡el Sembrador ya salió a sembrar!

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