Entre las múltiples historias que guarda el sistema y que magnifican el valor transformador de Mediación alternativa de conflictosDestaca la experiencia de una jueza que pasó de emitir fallos automáticos de manutención, aplicando estrictamente las letras de la ley, a necesitar del diálogo para resolver su propio drama familiar.
Su testimonio, que forma parte del glosario de casos resueltos con la mediación de la señora Nidia Reynoso, no sólo refleja la necesidad de humanizar los procesos judiciales, sino también el impacto directo que tiene el servicio cuando las partes logran ser escuchadas.
Al recordar el caso de la magistrada, cuya expareja también es jueza, la coordinadora del Centro de Mediación Judicial de la provincia Santo Domingo Este (SDE) dijo que luego de llegar a un acuerdo en la mesa rompió en llanto y confesó su experiencia:
Llevaba años sentada en el estrado dictando sentencias automáticas sobre manutención, aplicando estrictamente la letra de la ley sin mirar a los ojos el sufrimiento de la gente, hasta que tuvo que divorciarse y la realidad la golpeó de lleno.
Su expareja le exigía una suma de dinero para el sustento de una hija que tenían y que ella, por los múltiples compromisos económicos que tenía, no podía pagar. Sabiendo que acudir a un tribunal ordinario significaba un escándalo público y un proceso que destruiría lo poco que queda de su familia, decidió acudir al Centro de Mediación de la SDE donde firmaron un acuerdo “libre, flexible y justo para ambos”.
Luego de la experiencia, la jueza rompió a llorar en la mesa y dijo que a partir de ese momento sería “mejor juez”.
Abrir ventana comunitaria
Este no es un hecho aislado. Es fruto de un esfuerzo institucional que comenzó a gestarse hace dos décadas en el Poder Judicial, específicamente diseñado como una “ventana abierta a la comunidad” para humanizar la justicia y descongestionar los tribunales.
Los datos consolidados del programa publicado por el Servicio de Mediación del Poder Judicial indican que hasta abril de 2026 se habían logrado 30.000 acuerdos exitosos y alrededor de 50.000 sesiones de resolución de conflictos. Más de 270.000 ciudadanos utilizaron el servicio y 70.000 se beneficiaron directamente de las soluciones construidas a través del diálogo.
20 años brindando justicia
El servicio de mediación en República Dominicana se inició en el año 2006 en el sector Gascue y contó sólo con 4 mediadores y un coordinador general, el juez Alexis Peñaló. Hoy cuenta con 16 centros de mediación judicial distribuidos en diferentes departamentos judiciales del país.
Fue allí donde Doña Nidia, quien además de mediadora especializada forma parte del equipo docente y facilitador de la Escuela Nacional de la Magistratura (ENJ), tuvo el honor histórico de realizar la primera mediación oficial del Poder Judicial, e impulsar la solución de otra de las anécdotas más humanas del sistema: la del “muerto viviente”.
Las historias que da vida ilustran el papel fundamental que desempeñan los centros de mediación judicial. Este servicio, lejos de la burocracia de los tribunales y de los largos procesos que agotan a las poblaciones más vulnerables, es gratuito y no busca imponer sentencias ni declarar ganadores o perdedores a través de una sentencia, sino rescatar la capacidad de diálogo que tienen las personas y que sean ellas quienes estructuren sus propias soluciones.
En 2015, ante quejas de ciudadanos de los sectores más vulnerables sobre la distancia y costo del transporte para viajar desde la zona Oriental
En la zona este hasta Gascue, las autoridades judiciales decidieron descentralizar el servicio y, en 2019, abrieron cuatro centros en casas alquiladas cerca del Palacio de Justicia en la avenida Charles de Gaulle.
Durante casi un año en la nueva sede se logró un impacto social “enorme” al aliar los centros directamente con las Asociaciones de Vecinos para resolver problemas de linderos, ordenación de calles y ecosistemas comunitarios, explicó la mediadora en una entrevista que concedió a este reportero.
Sin embargo, el verdadero empujón llegó en 2023 con la aprobación del nuevo Reglamento de Mecanismos No Contenciosos por parte de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), un marco legal que establece claramente los lineamientos para la remisión de casos desde los despachos de los jueces a los Centros de Mediación, sentando las bases teóricas de la «comediación interdisciplinaria y validando los acuerdos escritos «en el lenguaje sencillo y directo de los propios ciudadanos».
El gran salto inacabado
El 8 de diciembre de 2025, el equipo de Mediación de Charles De Gaulle se trasladó formalmente a las modernas instalaciones del Palacio de Justicia de la SDE, pero sufre una escasez crítica de personal.
Si bien el diseño original contempla el funcionamiento de cuatro salas simultáneas con un equipo multidisciplinario que incluye psicólogos, trabajadores sociales y, actualmente Doña Nidia asume el rol de mediadora completamente sola.
Esta limitación de personas reduce drásticamente la capacidad de respuesta del centro, porque, según explica, un equipo disciplinario podría atender hasta 12 casos al día (60 a la semana, pero la falta de profesionales obliga a concentrar toda la demanda en una sola unidad, donde apenas pueden tramitar 3 casos de alta complejidad al día.
A pesar de estas limitaciones, la eficiencia cualitativa y el esfuerzo unipersonal de Doña Nidia dan sus frutos. Así lo demuestran las estadísticas ofrecidas durante la entrevista, correspondientes al periodo comprendido entre enero y agosto de 2026, en las que se destaca un total de mil 428 ciudadanos que acudieron a obtener información, buscar orientación o alivio; 724 nuevas solicitudes formales de apertura de conflicto evaluadas en recepción y 275 casos mediados, es decir, situaciones que pasaron el filtro y pasaron a una mesa de diálogo “presencial” en ese centro.
Las reglas de la mesa.
A diferencia de un juicio tradicional, donde las partes son entidades pasivas y los abogados y jueces deciden por ellas, la mediación es «una conversación sencilla pero bien estructurada. Entrar en este espacio implica aceptar reglas de juego diferentes a las de la justicia ordinaria. Allí el mediador no es un juez, no impone, no decide ni busca culpas. Es un colaborador más que debe tener paciencia para guiar el proceso y donde la solución al problema recae única y exclusivamente en las partes, que son quienes deciden».
Un pilar fundamental de la mediación formal es la neutralidad de sus actores, afirma el coordinador del centro SDE.
Impacto en la demora judicial
Los centros de Mediación Judicial no sólo representan un canal directo y sin burocracia para el ciudadano, sino que también actúan como un mecanismo de descongestión en los juzgados. Esto se debe a que operan principalmente en la demora de la entrada, evitando que un conflicto menor se convierta en un expediente judicial complejo. A diferencia de la justicia tradicional, donde es obligatorio contratar y pagar a un abogado para tramitar solicitudes como una división de bienes o una pensión alimenticia, en la mediación el ciudadano tiene acceso directo y todo el servicio es completamente gratuito.
Asimismo, representan un gran alivio para el Ministerio Público, ya que la fiscalía es la institución externa que más utiliza el servicio. Decenas de ciudadanos son enviados diariamente al centro para solucionar pacíficamente las goteras en los edificios, la contaminación acústica o los problemas de alquiler. Estos últimos son los más habituales, según el responsable del Centro SDE.
Nidia Reynoso, mediadora
muerte
Es otra de las muchas anécdotas que cuenta doña Nidia como forma de demostrar que, detrás de las frías estadísticas del Poder Judicial, la mediación es, ante todo, reparadora de almas y familias destrozadas.
Sucedió en la sede de Gazcue. En la sala de espera, la tensión acumulada por meses de silencio absoluto marcó la distancia entre una joven profesional y su anciano padre. El motivo del conflicto fue la división de bienes tras la muerte de la madre, pero la desinformación y el orgullo fueron el verdadero muro entre ellos.
Esto fue lo que pudo ver la señora Nidia al abrir la sesión: luego de las presentaciones requeridas, el hombre se sentó en la silla, la miró fijamente y con una mezcla de ironía le dijo: “Un placer conocerte, soy fulano de tal… el muerto”.
El anciano creía que su hija quería verlo bajo tierra para conservar sus propiedades. Sin embargo, en la tranquilidad de la mesa de diálogo, donde el lenguaje jurídico y el tecnicismo dan paso a la verdad humana, la joven rompió el silencio. No estaba buscando dinero; Buscaba orden, seguridad y recuperar el vínculo con su padre.
Para sorpresa del hombre, la hija llevaba en brazos a un bebé –el nieto al que se había negado a ver– y después de hablar, hablaron, vieron la posibilidad, y el padre dijo: “Ya entendí, ya entendí… Mire, esto lo vamos a dividir el sábado, sábado” (mitad por mitad, interpretó el mediador).
La eficacia de los centros atrae a usuarios de todos los niveles sociales
Entre ellos se incluye personal del propio sistema judicial.
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