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domingo, agosto 16, 2026
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Cuando salvar la vida requiere transfusiones

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Frente a la previsión de contar con capacidades óptimas para afrontar las pérdidas críticas de sangre, persiste en el sistema de salud de todos los países un insuficiente apoyo ciudadano a través de donaciones voluntarias. Aunque la resistencia parece estar disminuyendo, la búsqueda desesperada de donantes en el último minuto en medio de emergencias sigue siendo un importante umbral de peligro y el peor síntoma de una escasez crucial.

se trata de actitudes culturales adversos a la solidaridad humana que en la mayoría de los casos obligan a los familiares de pacientes en trance grave a correr a hospitales y clínicas a improvisar para reponer sus arterias con las pintas que salvarían a sus seres queridos. Para los hematólogos no es correcto basar con tanta frecuencia las transfusiones en personas sin credenciales de donantes aceptadas con criterio profesional que, en medio de la desesperación, podrían ocultar un historial de salud que los descalificaría.

Él déficit de cotización no pagado (sólo aceptable por el principio bioético del altruismo) es notable y preocupante en República Dominicana. Se producen a un ritmo de 3,8 aportaciones por cada mil habitantes, que, aunque no es un ritmo extremo, la Organización Mundial de la Salud recomienda que la captación mínima alcance los 10 donantes por cada cien habitantes. Se reconoce que para ampliar la gama de contribuciones a las reservas nacionales de sangre y combatir las formas inadecuadas de generar asistencia, el país debe contar con más infraestructura y equipos para recibir y transferir tejido líquido vital.

Está vigente la aspiración de que República Dominicana tenga reservas de sangre completas y si bien no es posible establecer una relación directa entre el déficit y ciertas tasas de mortalidad, es necesario tener en cuenta que a nivel local, junto con los trastornos hipertensivos, en los centros de maternidad, las hemorragias posparto encabezan históricamente las estadísticas de muertes evitables, muertes que tanto la Organización Panamericana de la Salud como el Servicio Nacional de Salud reconocen que son resultados que se pueden evitar en un corto plazo. 80%. Otras deficiencias sistémicas impiden salvar vidas.

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