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martes, agosto 18, 2026
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cuando pasan los aplausos, la vida vuelve a lo esencial

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Santo Domingo.-Hay quienes viven para el escenario y hay quienes, como Irving Alberti, entienden que el verdadero espectáculo comienza cuando todo termina.

Acaba de ser el anfitrión exitoso de los Premios Soberano, con la facilidad, el humor y la conexión que lo han convertido en una de las figuras más versátiles del entretenimiento. Pero cuando se apagan las luces, su ritual es otro: regresar al escenario vacío.

“Intento recorrer la sala sin gente, para entender que se acaban los aplausos y la vida sigue con normalidad”, confiesa.

Es en ese silencio donde se reconoce, donde baja el telón del personaje y abraza lo esencial: su familia, ese refugio constante con el que celebra cada logro.
Para el destacado actor y comediante, su familia juega un papel muy importante en su vida y hacer todo lo posible para hacerlos felices es uno de sus objetivos más importantes.

Humor
Porque si algo le define, más allá del humor, es su profundo sentido de responsabilidad emocional. “Cualquier cambio que me haga sentir que puedo desequilibrar a mis hijos es un momento difícil”, admite dejando ver al padre por encima del artista.

Para él el tiempo es un aliado. Cree en tu capacidad de sanar, de transformar incluso las heridas en historias. Pero también reconoce los límites: “Si hay una herida abierta, es difícil convertirla en humor”. No todo lo vivido está preparado para ser contado con una sonrisa.

Transformar
Desde el principio, Irving ha sido fiel a sí mismo. “He sido yo desde el primer día”, dice. Sólo se transforma cuando el arte lo exige –en una obra o en una película– pero nunca en la vida real. Esa coherencia lo ha sostenido en una industria tan exigente como cambiante.

Y si hay algo que no ha hecho es guardar silencio sobre su historia.
“No creo que haya nada que no me haya atrevido a decir”, dice con seguridad. Porque el camino de Irving Alberti ha estado marcado por la autenticidad, incluso en los momentos más duros.
Recuerda, por ejemplo, un episodio de sus inicios donde sintió que se le cerraban las puertas. El golpe fue fuerte, pero la voz de su madre fue más poderosa.

«Cuquín ciertamente no estaba en ese grupo», le dijo, dándole una lección que aún lo acompaña: «La gente buena no cierra las puertas a nadie. El que lo hace es por miedo o por mediocridad».

el eco
Hoy, ese eco sigue guiando tus pasos. Su mayor temor no es el fracaso público, sino perder lo verdaderamente importante: su estabilidad personal y la salud de sus seres queridos.

Y aunque el humor es su lenguaje, hay temas que no toca. El abuso infantil, la justicia selectiva y el aborto no forman parte de su comedia. “No los encuentro divertidos, ni me gusta relajarme con eso”, dice marcando claramente la línea entre el artista y el ser humano.

A pesar de lo difíciles que puedan ser las cosas, Irving ha aprendido que la vida puede cambiar de color cuando existe la voluntad de seguir adelante sin mirar atrás.

Cuando todo esto pase –la fama, los aplausos, los escenarios– ¿cómo te gustaría que te recuerden como ser humano?
“Como alguien que siempre entendió que el amor todo lo podía, que siempre quiso ayudar y logró las cosas que quiso sin hacer daño a nadie y que, aún con los tragos amargos, nunca dejó de saborear y romantizar la vida”.

estados
Más allá de las etapas, Irving Alberti quiere ser recordado desde un lugar mucho más profundo: desde el amor, como un ejemplo de resiliencia, alguien que, sin importar las circunstancias en las que la vida lo pudiera colocar, miró más allá del cristal y aprendió el valor de las cosas que uno hace.

Cifra

— Admirado
Desde el principio de su carrera ha intentado ser fiel a sí mismo. Si bien ha sido figura del teatro, cine y entretenimiento, su forma de ser con sus seguidores siempre ha sido la misma, por lo que se ha ganado el respeto del público.

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