Este artículo fue publicado originalmente en el dia.
Con su libro Los muchachos de la democracia, el general José Miguel Soto Jiménez ha comenzado a revelar un episodio histórico importante pero muy poco conocido.
Hechos. En 1990, un grupo de coroneles encabezados por Soto Jiménez se reunió con el ingeniero Hipólito Mejía y, previendo que en las elecciones de 1994 se repetiría contra Peña Gómez el fraude que acababa de cometerse contra Juan Bosch, decidieron organizar un movimiento militar secreto, que en el momento de la crisis electoral que vislumbraban, tomaría medidas y haría respetar la voluntad del pueblo.
El libro cuenta cómo creció ese movimiento en los cuarteles, las ideas y normas sobre las que se agrupaban sus integrantes, los métodos utilizados y las medidas observadas para evitar ser descubiertos.
El movimiento incorporó a los comandantes de los principales centros militares, en los que crecía el descontento por las malas condiciones en que las fuerzas armadas eran mantenidas por el gobierno, los obstáculos que impedían los ascensos según los grados y el hastío de los jóvenes oficiales con tanto engaño y tanta burla a la voluntad popular. El asunto se convirtió casi en un movimiento clandestino de masas en los cuarteles.
En 1994 llegó la planeada crisis electoral, se había elaborado un plan operativo que nunca se ejecutó porque el Dr. Peña Gómez se oponía y en esa decisión también debió influir la intervención de un agregado militar norteamericano, conocedor en detalle del movimiento quien en el momento decisivo dejó claro que el gobierno yanqui no apoyaría un golpe de Estado y que la crisis dominicana ya estaba siendo manejada en Washington.
El movimiento no tomó las armas, pero probablemente condicionó la actitud de Balaguer, quien, consciente de la magnitud que ésta había adquirido, tuvo que flexibilizar su posición en las negociaciones para poner fin a la crisis.
De todos modos, Balaguer se quedó dos años más, pero Soto Jiménez y sus compañeros no fueron cancelados. Se puede decir que llegaron al poder y ocuparon los más altos cargos de mando seis años después, con la victoria electoral de Hipólito Mejía en el año 2000.
Dejaron su sello democrático en los cuarteles, de cuyas paredes desaparecieron los carteles con mensajes de odio por motivos ideológicos, e incluso cuadros reconocidos del movimiento de izquierda fueron alojados en las academias. Hay muchas lecciones que aprender de todo esto.
Ojalá otros protagonistas den su versión de aquel extraordinario episodio, quizás sin precedentes en nuestra historia reciente.
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