¿Se repetirá en Venezuela el proceso histórico que abarca Haití? Dios salve, Dios salve. Sabemos que ésta es una pregunta incómoda, pero necesaria. Debemos aprovechar la tragedia para consolidar un mecanismo de unificación duradero. En Venezuela se requiere “un gran diálogo” para aliviar los antagonismos prevalecientes que permean todos los sectores de la vida nacional. ¿Discrepancias inducidas desde fuera?
Para nadie es un secreto que Venezuela será más fácil de romper mientras persista la división interna. Hay demasiados recursos allí y demasiados intereses que quieren devorarlos.
Los venezolanos se enfrentan a una encrucijada profunda y delicada, se enfrentan a dos caminos disímiles: o se centran en reconstruir una sociedad duradera y que esté por encima de los atrincheramientos político-ideológicos, o se deciden por un caos destructivo al estilo Haití.
La segunda opción estaría plagada de luchas internas interminables y una posible pérdida de soberanía. Venezuela tiene que ir, por tanto, más allá de la ayuda y la ayuda humanitaria, tiene que plantearse dar un gran salto hacia su progreso ahora.
La magnitud del desastre muestra más de 60 mil edificios destruidos, según la NASA de Estados Unidos. También se estima que hay más de 6 millones de ciudadanos afectados y unos 600 mil niños que requieren asistencia, mientras se estima que las muertes se elevan a casi dos mil, en un recuento trágico, doloroso, dramático y creciente.
“Los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela el 24 de junio y sus constantes réplicas han sumido la vida de los venezolanos en una grave crisis”. Por eso debemos evitar que la catástrofe sea mayor adoptando medidas acordes con esta realidad.
La dirección de la nación del Gran Simón Bolívar debe deshacerse de sus actuales maldiciones políticas (muchas de ellas impuestas desde fuera). Tiene que superar sus diferencias ideológicas, económicas y financieras, y empezar de cero para dar paso a la construcción de “La Nueva Venezuela”.
“Hay que imponer un gran diálogo para salvar a Venezuela”, hacerla próspera y aprovechar esta oportunidad para sacarla de las vicisitudes. Es urgente que armen una gran discusión, un gran debate donde participen partidos políticos, empresarios, industriales, sindicatos, estudiantes, sociedad civil y otras fuerzas de la sociedad.
La discusión debe centrarse en los efectos de los problemas actuales y debe incluir cómo escapar de las imposiciones de directrices extranjeras. Lograr para sí un mayor aprovechamiento de sus reservas de petróleo, oro, agua y otros recursos. Asimismo, establecer mecanismos para la industrialización y mejorar la calidad de vida de los venezolanos, con miras a llevarla a un nivel comparado con las sociedades desarrolladas.
Mientras tanto, puede surgir un tercer enfoque que sirva para enfrentar el pantano que devasta a los venezolanos (físico, emocional y espiritual causado por los terremotos).
El futuro de Venezuela debe perfilarse -sin ser pesimistas- en un cambio radical de estrategia, la promoción de programas y métodos que permitan convertir lo que hoy han sido los efectos devastadores de los terremotos en una oportunidad; convertirlo todo, no en desgracia, a pesar del dolor y el sufrimiento, sino en progreso.
El espejo de Haití
Hay un dicho que dice que “un botón es suficiente como prueba”. Mirémonos en el espejo del terremoto de Haití. Con los haitianos nos ha tocado vivir una experiencia cercana y lacerante, a raíz del terremoto ocurrido en la nación vecina. Once años después del terremoto de magnitud 7,0 ocurrido en enero de 2010 en Haití, ocurrió el magnicidio (julio de 2021) que acabó con la vida del presidente Jovenel Moise.
Desde entonces, esa nación no ha sido la misma, ha sufrido desastres, el surgimiento del caos, migraciones masivas y el accionar de bandas paramilitares que siembran el terror y miles de muertos. Todo esto ha ocurrido tras el fatídico terremoto que devastó la tierra de Jean Jacques Dessalines y Toussaint Louverture.
Las dos tragedias explican la actual crisis en Haití, que ha “dejado un saldo combinado de cientos de miles de muertos y un colapso institucional total”.
¿Podría ocurrir algo similar en Venezuela, salvando las diferencias?
Todo es posible en esta América nuestra. Primero, en Venezuela se produjo un ataque sorpresa con decenas de muertos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro por parte de tropas de Estados Unidos. Y para colmo, se produjeron “dos devastadores terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5” que sacudieron la costa centro norte de Venezuela y provocaron pánico, más de mil muertos y severos daños estructurales en Caracas.
Por eso insisto en esta pregunta incómoda, dadas las coincidencias de los hechos: ¿Pasará en Venezuela lo que está pasando ahora en Haití?
Visión de liderazgo
Todo dependerá de la visión de la actual dirigencia venezolana (funcionarios y opositores), que deberá adoptar decisiones inmediatas y futuras, que a nuestro entender, puedan conducir a un progreso integral, o en caso contrario, conformarse con la tutela internacional, es decir, hacer lo que los líderes mundiales decidan en las grandes capitales de los imperios, alejados de las realidades venezolanas.
Se impone en Venezuela “una tregua inmediata” en las acciones del partidismo.
Antes de los terremotos y como consecuencia del cerco económico y financiero que sufre este país por parte de Estados Unidos y Europa, la economía venezolana en realidad atravesaba una severa crisis. Con estos terremotos las cosas empeoran, la nación sudamericana enfrenta un nuevo desafío, enfrentando más contracción y dificultades para iniciar exitosamente un proceso de recuperación.
«La situación económica tras la catástrofe se caracteriza – según los expertos – por la «destrucción de infraestructuras». En este caso se ha producido el «colapso de viviendas (60.000 según un informe preliminar de la NASA), carreteras, redes energéticas y fábricas».
Desafiar la escasez
En Venezuela, concretamente en Caracas, La Guaira y zonas aledañas, “se han roto cadenas de suministro y se ha detenido el comercio (destrucción de almacenes, maquinaria y escasez de productos básicos) por daños y pánico”. El doble terremoto y sus secuelas han impactado con mayor dureza al estado de La Guaira, partes de Caracas, Carabobo, Miranda y Aragua, «dejando una estela de destrucción» que ha conmovido a media humanidad.
La situación resulta en una escasez de alimentos y materiales de construcción que provoca aumentos en los precios de estos bienes, una inversión masiva en reconstrucción se ve impactada y los gobiernos –en este caso el venezolano– enfrentarán un fuerte endeudamiento, aumentos en los impagos de préstamos bancarios y la quiebra de muchas pequeñas empresas.
Los expertos estiman que la recuperación total de las pérdidas iniciales suele tardar entre 2 y 5 años, “dependiendo de la magnitud del terremoto, los seguros disponibles y la capacidad económica del país o región afectada”. Asimismo, los servicios básicos como salud, transporte, combustible están empeorando, los ciudadanos enfrentan cortes de electricidad e internet y por ende sube la inflación.
Mientras tanto, potencias económicas como Estados Unidos y Europa han ofrecido más de 300 millones de dólares para asistencia y rescate, mientras «retienen más de 30 mil millones de dólares en activos congelados de Venezuela» y mantienen sanciones que empobrecen y provocan una emigración masiva de sus habitantes.
Los analistas señalan que “solo este año el gobierno de Trump ha incautado más de 5 mil millones de dólares de Venezuela por la venta de petróleo venezolano”.
Diatribas políticas
Pero a pesar de la apremiante situación que vive la patria de Simón Bolívar, los dirigentes políticos y empresariales profundizan sus diatribas políticas y luchan por el control del poder, en lugar de sentarse a discutir cómo van a superar estas calamidades, cómo encontrar una salida a la catástrofe.
«Esta emergencia humanitaria ha polarizado aún más el escenario político. Una respuesta insuficiente o politizada amenaza con exacerbar el descontento social, mientras ambas partes buscan proyectar una mayor eficacia ante la opinión pública», afirman los observadores.
Y es por eso que debemos afrontar esta crisis y eliminar cualquier posibilidad de que Venezuela se convierta en Haití. Es necesario que el gobierno que preside Delcy Rodríguez, los dirigentes políticos chavistas y opositores con Corina Machado a la cabeza, dirigentes empresariales e industriales, estudiantes, sindicatos y sociedad civil realicen una gran reunión que debata los problemas de ese país.
En esta reunión se pueden discutir varios temas, entre ellos:
- -Aceptan recuperar los 30 mil millones de dólares y oro congelados en el exterior. Aprovechar estos recursos para construir una Nueva Venezuela de manera consensuada.
- -Ejecutar un plan de reconstrucción nacional acordado por todos los sectores.
- -Definir un amplio programa de industrialización, conversión de petróleo y otras materias primas en productos terminados para la exportación y el consumo local. Devolver el control de la producción y venta de petróleo y destinar sus recursos a la modernización de Venezuela.
- -Fomentar la producción agrícola masiva para producir alimentos para consumo local y exportación.
- -Aplicar políticas para incentivar el retorno de los venezolanos a su patria.



