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martes, agosto 18, 2026
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Proteger la salud mental de lo corresponsales de guerra, una asignatura pendiente

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Madrid.- Proteger y garantizar la salud mental de los corresponsales de guerra es una asignatura pendiente en la que expertos y periodistas proponen medidas como formarles antes, durante y después de la cobertura, disponer de protocolos de recepción o romper el tabú de hablar de este tema en las redacciones.

Según un estudio de la Universidad del País Vasco, más de la mitad de los periodistas españoles en guerra presentan síntomas de estrés postraumático y tres de cada diez han recibido un diagnóstico.

Una serie de diagnósticos que resultan «especialmente preocupantes» si tenemos en cuenta que este porcentaje oscila entre el 3% y el 8% en la población general y entre el 10% y el 20% en el caso de los militares, como explicó a Efe Silvia Ubillos, catedrática del área de Psicología Social de la Universidad de Burgos.

Sin embargo, a ninguno de los cuatro periodistas entrevistados para este informe -dos de ellos actualmente en zonas de conflicto- le sorprendieron estas cifras.

Vivir en alerta permanente

“Te acabas acostumbrando al nivel de conflicto y no es que no te parezca excepcional, porque lo es, pero acabas asumiéndolo como parte de tu vida diaria”, resume el corresponsal de EFE en Irán, Jaime León.

León explicó que se ha acostumbrado a los controles en la ciudad, a no tener “prácticamente ninguna” medida de seguridad como refugios antiaéreos o a no poder descansar, con el desgaste físico y mental que eso supone.

Aún así, cuando le preguntan cómo está, responde: «Estoy cansado, estoy estresado, soy consciente de que psicológicamente esto probablemente me afecte de alguna manera, pero sobre todo estoy muy ocupado».

Desde el otro lado del conflicto, el corresponsal de EFE en Israel Guillermo Azábal coincide con su colega en cómo vive la cobertura y dice que, en su caso, tuvo que parar unos días por una bajada de sus defensas a consecuencia de la situación de estrés crónico.

“Las primeras dos o tres semanas tu cuerpo, tu metabolismo e incluso tu forma de conectarte con la vida cotidiana están muy conscientes de la guerra, pero también se adaptan”, afirmó.

En estas circunstancias, ayudó al ex fotoperiodista de RTVE Miguel Ángel de la Fuente a adentrarse en el mundo de la cámara y si lo hacía bien, mientras que parte de la forma en que la periodista Rosa Meneses canalizó el dolor al cubrir estos conflictos fue dando sentido a la profesión.

En palabras de Ubillos, los periodistas que cubren conflictos están continuamente recordando lo vivido y están constantemente atentos, «porque el cuerpo se pone en modo supervisión, supervivencia» y está continuamente atento a lo que ocurre a su alrededor, «con todo el desgaste que ello supone».

Síntomas que, además, «se normalizan» y ese es el problema, según la psicóloga, que defiende que existen «tratamientos, terapias para recuperarse de un trauma y que te ayudan a seguir con tu profesión».

Un protocolo de recepción

Para que los periodistas tengan un mejor bienestar psicológico, Meneses cree que es necesaria una mejor formación y una mayor asistencia «antes, durante y después de la cobertura».

Un diagnóstico que comparte la coautora del informe Leire Iturregui, quien cree que los medios de comunicación deberían tener un protocolo de recepción con un procedimiento de cómo recibirlos.

A estos protocolos, Iturregui cree que se debe sumar formación que incluya cuestiones psicológicas y, sobre todo, que este tema deje de ser tabú dentro de las redacciones y que las empresas periodísticas tomen conciencia de preservar el derecho de los trabajadores a garantizar su seguridad.

“No podemos permitir que estos periodistas, que van a los peores lugares del mundo a contar lo que pasa para que nosotros, el público, estemos conscientes, asuman el costo no sólo físico sino también psicológico de ese trabajo y lo asuman de manera individual”, afirmó el experto.

Acabar con la precariedad

También ayudaría a dejar atrás el mito del periodista de guerra como una persona resiliente, dura y capaz de soportarlo todo, algo que, en palabras de Azábal, “hace mucho daño” porque le impide transmitir las debilidades que todos tenemos.

Y acabar con la precariedad, que según Iturregui, es la principal amenaza para la seguridad de los periodistas. También psicológicamente.

A esto Azábal, que ha cubierto como freelance, añade un matiz -no es lo mismo hacerlo para un medio anglosajón que para uno hispano, donde «estás mucho más expuesto» por lo que pagas-, «ni siquiera es precario, es indecente».

Porque, como resume Ubillos, para entender la guerra necesitamos a quienes la muestran. Y para que sigan haciéndolo, «hay que cuidar a quienes tienen el coraje de ir allí a decírnoslo».

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