¡Y el premio al peor trato a la prensa es para…!
Lo que se llama ser un espacio festivo, de orden y respeto está tan lejos de la realidad que es posible que la palabra orden ni siquiera encaje en esta descripción.
Y los Premios Soberano se han convertido en una odisea para los periodistas, que buscan informar y reportar incidencias relacionadas con celebridades y el arte dominicano.
La falta de entendimiento entre organizadores, reporteros y camarógrafos es tan grande que terminan discutiendo.
Los encargados de visibilizar el evento más importante son los menos importantes: espacios limitados, falta de ventilación, acceso casi mendigado tras días de inscripción y acreditación. Los empujones y empujones son posiblemente lo más notorio en el tugurio al que están invitados los responsables de ensalzar los Premios Soberano.
A esto se suma la impuntualidad en la apertura de puertas de estos servidores de información. Son convocados a una hora concreta y el ingreso se produce una hora y media después, tras intensas llamadas acompañadas de expresiones como: «No es la primera vez que sucede». o “Deberían dejar de cubrir el evento que recibe celebridades nacionales e internacionales”.
¿Minimizado?
El estrellato y las primicias son prácticamente exclusivas de los reporteros de los medios extranjeros, que tienen acceso a la alfombra roja de los premios. Y, ojo, no tiene nada de malo resaltar hacia el exterior la dominicanidad, el arte y todo lo que sucede en el evento, pero… ¿por qué minimizar el trabajo de los dominicanos?
Durante años estos han sido los que se han mantenido fieles al premio; quienes han invertido tiempo, equipos y hasta vestimenta para que sus periodistas estén a la altura.
La prensa dominicana merece un mejor trato. Y esto no se refiere a concesiones superficiales, sino a la justicia y el respeto hacia una obra que enaltece, resalta y proyecta el arte dominicano.



