En República Dominicana cada día se vuelve más común ver a jóvenes y adultos con dispositivos electrónicos en la mano, exhalando nubes que parecen ligeras, casi inocentes. El vapeo, que surgió hace poco más de una década como alternativa al cigarrillo tradicional, se ha convertido en una costumbre que respira humo y el aire limpio que todos necesitamos para vivir.
Vanessa Alifonso, neumóloga internista de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (Cedimat), explica que, a primera vista, estos dispositivos pequeños, coloridos, con sabores que recuerdan a frutas o caramelo, parecen inofensivos.
La galena dijo que muchas personas creen que “vapear” es menos dañino que fumar tabaco porque no genera humo ni alquitrán. Sin embargo, la evidencia científica reciente nos dice que seamos cautelosos. Explica que el aerosol que producen los cigarrillos electrónicos no es «vapor de agua». Además de nicotina, puede transportar partículas muy finas, metales (como níquel, estaño o plomo) y sustancias irritantes que se generan al calentar líquidos (por ejemplo, formaldehído y acroleína).
También incluye aromas y saborizantes que, aunque se utilizan en los alimentos, no están destinados a entrar repetidamente en los pulmones, sino que son perjudiciales tanto para los usuarios como para quienes inhalan el aerosol de segunda mano.
Desde el punto de vista respiratorio, el debate no es sólo “si tiene alquitrán o no”, sino qué sucede cuando sustancias irritantes entran repetidamente en una vía respiratoria diseñada para respirar aire, no para filtrar aerosoles químicos. Sostiene que «revisiones recientes describen mecanismos preocupantes: daño directo a las células epiteliales, alteración de las uniones estrechas (la barrera que protege las vías respiratorias) y efectos sobre la función ciliar y el aclaramiento mucociliar (el sistema que barre partículas y microorganismos fuera de los bronquios). En modelos experimentales también se ha observado inflamación y mayor permeabilidad de la barrera epitelial después de la exposición al aerosol del cigarrillo electrónico. En términos simples: los pulmones pueden volverse más «irritables», más inflamados y menos eficientes. defenderse”.
Un dato local
Dice que a veces se subestima el fenómeno porque parece moderno, “de moda”, y por eso se le resta gravedad. Pero en nuestro contexto caribeño, la evidencia escolar ya ha demostrado que el vapeo existe y no es marginal. En la ficha país de la Encuesta Mundial sobre Tabaco en Jóvenes (GYTS) 2016 para República Dominicana (estudiantes de 13 a 15 años), se reportó el 7,7% del uso actual de cigarrillos electrónicos (uso en los últimos 30 días). Esos datos, aunque sean de hace unos años, sirven como señal: el tema tiene una base real y merece un debate público serio.
Alifonso advierte que el riesgo no es sólo pulmonar. La OMS advierte de que la nicotina es altamente adictiva y, además, que estudios epidemiológicos de alta calidad muestran que el uso de cigarrillos electrónicos aumenta la probabilidad de que los jóvenes no fumadores pasen posteriormente a los cigarrillos convencionales, con estimaciones cercanas a «casi tres veces» en algunos análisis, añade. «Esto importa porque la adolescencia no es sólo una etapa social: es una etapa biológica en la que se consolidan hábitos, dependencias y patrones de consumo. En la adolescencia hay un detalle que a veces se nos escapa: el cerebro todavía está ‘en construcción’.
El especialista destaca que la nicotina actúa precisamente sobre circuitos vinculados a la atención, el aprendizaje, el estado de ánimo y el control de los impulsos, y por eso advierte que su consumo en niños y adolescentes puede tener efectos negativos en el desarrollo cerebral. En pocas palabras: no se trata sólo de una cuestión de pulmones; También es una cuestión de concentración, autocontrol y bienestar emocional en una etapa sensible. Además, vapear puede convertirse en una puerta de entrada de doble vía. La primera es la dependencia de la nicotina, que puede aparecer rápidamente en algunos jóvenes. Indica que el segundo es el patrón de comportamiento: diferentes estudios y metaanálisis han encontrado que quienes vapean durante la adolescencia tienen más probabilidades de comenzar más tarde a fumar cigarrillos convencionales.
Eso no significa que le vaya a pasar a todo el mundo, pero sí que como sociedad estamos normalizando comportamientos que pueden empujar a más jóvenes hacia otras formas de consumo y dependencia.
El problema cultural
El neumólogo asegura que el impacto social va más allá de lo que muestran las cifras. En las conversaciones cotidianas escuchamos frases como “es sólo vapor” o “al menos no huele mal”. Esta banalización del riesgo es peligrosa, porque nos hace olvidar que los pulmones no distinguen entre lo que está de moda y lo que es saludable. El cuerpo no negocia con las tendencias: responde con inflamación, irritación y, en algunas personas, síntomas que se acumulan con el tiempo.
A nivel social, el auge del vapeo también refleja una transformación cultural. En un país donde el cigarrillo perdió protagonismo en muchos espacios, el vapeo reaparece como símbolo de modernidad, elegancia o rebelión tecnológica. Las redes sociales, con su lenguaje visual inmediato, han ayudado a consolidar esta imagen, especialmente entre adolescentes y jóvenes.
EVALI: lección sobre mercado informal
Desde un punto de vista médico, el daño respiratorio causado por el vapeo no siempre se manifiesta de inmediato. Se han informado casos de EVALI (lesión pulmonar asociada al uso de productos de vapeo), una afección potencialmente grave.
La lección más importante de EVALI es la siguiente: el riesgo aumenta cuando entran en juego productos y mezclas de THC adquiridos de fuentes informales.



