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viernes, octubre 23, 2026
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Los nuevos comienzos es hacerlo mejor

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Los nuevos comienzos suelen venir acompañados de una promesa silenciosa: la idea de que ahora todo será diferente. Nuevos planes, nuevas metas, nuevas expectativas. Sin embargo, sólo hace falta tiempo para avanzar un poco para descubrir una verdad incómoda: muchas de esas promesas se desvanecen rápidamente. No porque no queramos cambiar, sino porque muchas veces intentamos hacerlo por exageración y no por conciencia.

Quiero contarles esta anécdota.

Un excursionista decidió escalar una montaña impulsado por la ilusión del comienzo. Convencido de que las fuerzas iniciales serían suficientes, quiso alcanzar la cumbre en un solo día. Subió rápidamente, sin medir energías ni leer el terreno.

A medio camino, exhausto y herido, tuvo que regresar. Tiempo después volvió a intentarlo, pero con una mentalidad diferente: dejó de obsesionarse con la cumbre y se concentró en cada tramo. Caminó con paso firme, descansó cuando fue necesario y aprendió del camino. Esta vez llegó. No apresurándonos, sino avanzando sabiamente.

Algo muy similar ocurre con nuestros procesos personales. La ciencia del comportamiento respalda esta experiencia. La investigación sobre la fuerza de voluntad realizada por el psicólogo Roy F. Baumeister, profesor de la Universidad Estatal de Florida, junto con el periodista científico John Tierney, publicada en el libro Willpower (2012), demostró que la autodisciplina no es infinita. Funciona como un recurso limitado que se agota cuando se sobredemanda. Por esta razón, las metas excesivas tienden a fracasar, mientras que los objetivos realistas y progresistas tienden a sostenerse mejor en el tiempo.

La formación de un hábito.

A esto se suma un dato revelador. Un estudio realizado por la psicóloga Phillippa Lally y su equipo en el University College London, publicado en The British Journal of Health Psychology (2010), concluyó que la formación de un hábito requiere, en promedio, alrededor de 66 días, y no 21 como se ha popularizado durante años. El verdadero cambio no ocurre instantáneamente; Se construye a través de la repetición consciente. El problema no es querer transformar, sino intentar hacerlo todo de una vez.

Quizás este momento no sea para imponer resoluciones que sabemos que no podremos cumplir, sino para diseñar un proyecto de un año. Ni uno tan alto que nos termine frustrando, ni uno tan cómodo que no nos desafíe. Un proyecto que requiere compromiso, pero que también respeta nuestros límites y nuestra humanidad.

La verdadera renovación no nace de la presión, sino de la coherencia. No se trata de correr, sino de avanzar con sentido. Elegir hoy un pequeño paso que podamos dar y sostener mañana. Así, el cambio deja de ser una carga y se convierte en un proceso.

Y para quienes caminan por fe, hay una certeza que acompaña incluso cuando las fuerzas parecen insuficientes: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). No como un eslogan triunfalista, sino como un profundo recordatorio de que el crecimiento no depende sólo de nosotros.

El nuevo comienzo no exige perfección.

Exija honestidad.

Y el coraje de empezar bien.

Está bien… piénsalo.

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