Es urgente que el gobierno del presidente Luis Abinader afronte lo antes posible las medidas de emergencia que requiere la nación ante los desafíos que presentan las guerras, específicamente las que libran Estados Unidos e Israel contra Irán en Medio Oriente.
Distintos sectores, economistas, analistas, geopolíticos y líderes opositores exigen, con acertada certeza, el inicio de discusiones y análisis sobre el impacto que tendrá esta crisis global en el país.
A causa de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Persia, y su acción reactiva contra objetivos en varios países, en particular, la mayor refinería exportadora de petróleo del mundo, ubicada en Arabia Saudita, que sufrió un devastador incendio y paralizó su producción. Asimismo, y como parte de su estrategia de defensa, Irán impide el paso de petroleros por el Estrecho de Ormuz.
«El estrecho de Ormuz ha sido cerrado, atacaremos y quemaremos cualquier barco que lo atraviese», ha advertido la Guardia Revolucionaria iraní. Por este canal pasa el 20% del petróleo que consumen los países occidentales.
Eso ha provocado que los precios del petróleo y el gas se disparen, mientras que “los mercados bursátiles se desploman” y la espiral de guerra “continúa su curso frenético”.
No se puede permanecer indiferente ante la gravedad de estos conflictos bélicos. La situación puede frenar el optimismo gubernamental expresado por el presidente Abinader en su rendición de cuentas el 27 de febrero, mientras economistas advierten sobre una desaceleración en el crecimiento económico del país.
No se trata de adherirse a uno u otro de los bandos en conflicto. Lo cierto sería que el gobierno proponga, a nivel estatal, las soluciones a lo que, aparentemente, se nos viene encima.
La guerra tiende a escalar, lo que sacude a líderes y sociedades de todo el mundo, incluido el Papa León IV, máximo líder de la poderosa Iglesia católica. Se espera que en las próximas horas se hayan sumado Emiratos Árabes, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Jordania, Irak, Omán, Siria, Chipre, Reino Unido, Francia e Italia.
Y aunque parezca lejano, el mundo es una aldea, y estos acontecimientos que creemos que no nos afectarán directamente, nos dicen que no podemos “dormirnos en los laureles”.
Sería ingenuo pensar que estas guerras no nos afectarán.
Se manifestarán e impactarán más fuertemente a los pobres. Por lo tanto, creemos necesario que las autoridades se enfoquen en conocer y debatir en sus gabinetes económicos y sociales, las medidas alternativas que entiendan pueden mitigar cualquier impacto en los sectores empobrecidos.
En este sentido, sugerimos adoptar acciones innovadoras que permitan enfrentar estos acontecimientos, que, sin la menor duda, causarán efectos nocivos a nuestra economía y sociedad, específicamente a las empresas y a la inversión extranjera.
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán impactará la agricultura, la producción industrial y las condiciones de vida del pueblo dominicano.
Sube el petróleo y el gas
Un efecto inmediato producido por esta guerra es el aumento de los precios del petróleo y del gas, así como de sus derivados como la gasolina y el combustóleo. También, los productos básicos de la canasta familiar, comercios y empresas, es decir, los apoyos para el desarrollo y bienestar de la población. Es previsible que, ante cualquier aumento de los precios de los combustibles, la economía se resienta y eso genere mayor inflación y, por tanto, un aumento del coste de vida.
Ante acontecimientos inesperados, urge que el presidente Abinader convoque a una reunión de emergencia de sus gabinetes económico y social. Y discutir la adopción de medidas proactivas que se anticipen a la crisis.
Y cabe señalar que este no es un problema local creado por los dominicanos, sino que nos concierne a todos, a los gobernantes en el poder y a los políticos de oposición que fácilmente pueden ofrecer al Estado las soluciones que estimen pertinentes. Tenemos que “prevenir para no tener que remediar después”.
Estas guerras no sólo causarán daño a las naciones en conflicto, es decir, Irán, Israel, Estados Unidos, Kuwait, Arabia Saudita e Irak, sino que sus efectos se sentirán globalmente, especialmente en los países pobres.
guerras desastrosas
Por eso tenemos que resaltar que los desastres de la guerra no sólo destruyen países, instituciones, hogares, familias e individuos, sino que también pueden diezmar los esfuerzos de desarrollo de las naciones en desarrollo, como la República Dominicana.
Y mientras esto sucede, y millones de personas caen repentinamente en la miseria, el hambre y la pobreza extrema debido a estos conflictos, la situación da lugar al resurgimiento y fortalecimiento de una empresa cruel, la industria bélica, ubicada en los polos de poder hegemónicos del mundo, es decir, Estados Unidos, Rusia, China, Israel y los países europeos.
Los informes estiman que “las 100 empresas más grandes dedicadas a la producción y los servicios militares alcanzaron ingresos estimados en 679 mil millones de dólares” el año pasado, lo que convierte el gasto en defensa “nuevamente en una palanca industrial”.
Un hito en el crecimiento de esta industria. Estamos hablando de la producción en masa de “bombas inteligentes”, misiles balísticos e hipersónicos (incluidos misiles intercontinentales), barcos y submarinos nucleares, aviones, así como drones, que tienen grandes poderes de destrucción, capaces de impactar y “no dejar piedra sin remover” en ciudades y pueblos enteros.
La producción de estos letales dispositivos ha alcanzado cantidades multimillonarias, beneficios increíbles, mientras los conflictos armados se extienden por todo el mundo. Estas conflagraciones benefician a grandes empresas de entidades corporativas y empresas adyacentes que las acompañan en esta “siniestra marcha de la muerte”.
Las guerras, por tanto, son la desgracia de la humanidad, ya que hacen cada vez más prósperas las empresas belicistas, que acumulan grandes beneficios, a expensas, evidentemente, de los daños perpetrados a países, regiones y poblaciones enteras.
Más de 130 guerras activas en el mundo
“A principios de 2026, el mundo atraviesa uno de los picos de violencia más altos desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 130 conflictos armados activos”, afirmaron fuentes consultadas.
Según información del Consejo de Relaciones Exteriores, se trata de “guerras entre estados”, “guerras civiles” y las llamadas “guerras contra las drogas o grupos criminales”.
En cuanto a las guerras entre Estados, éstas incluyen “los focos principales son la invasión rusa de Ucrania, la devastadora guerra en Gaza y las graves crisis en Sudán, el Sahel, la República Democrática del Congo y Yemen, caracterizadas por crisis humanitarias masivas y la creciente implicación internacional de las potencias”.
Hay principalmente conflictos y guerras en Ucrania, Gaza y Oriente Medio, Sudán, el Sahel (Burkina Faso, Mali, Níger), la República Democrática del Congo (RDC) y Etiopía.
Asimismo, el panorama se ve ensombrecido por lo que se define como “tendencias globales”, que consisten en la aparición de “más actores no estatales” que involucran “numerosos grupos armados, dificultando las negociaciones de paz”. A esto se suma la mayor internacionalización de los conflictos, en los que están involucrados 92 países fuera de sus fronteras.
Además, está el creciente uso de drones, inteligencia artificial, bots y ciberataques, y una creciente crisis humanitaria que hace que sean comunes “las pérdidas civiles, los desplazamientos masivos y los ataques a la infraestructura”.
Al respecto, organismos de Naciones Unidas advierten que los conflictos armados actuales no sólo buscan la anexión territorial, sino también el control de los recursos naturales y los mercados, cambiando la naturaleza de la guerra hacia enfrentamientos más prolongados y destructivos.
Llevar tranquilidad a la población.
No se ve nada halagüeño en el panorama global. Y es imperativo avanzar en medidas que aporten tranquilidad a la población, como:
-Convocar una reunión urgente de los gabinetes económico y social para discutir los potenciales efectos de la guerra de Estados Unidos contra Irán en el país. En ese sentido, contar con comisiones y equipos técnicos que analicen el escenario internacional y propongan medidas y soluciones alternativas.
–Establecer un fondo especial para financiar la producción masiva de alimentos y crear empleos en zonas rurales a través del Ministerio de Agricultura, el Instituto Agrario Dominicano (IAD), el Fondo de Desarrollo Agropecuario (FEDA) y el Banco Agrícola, para mitigar los signos de inflación y desempleo.



