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domingo, agosto 16, 2026
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“Lo conseguiré»- el empresario chino que acumula 30 intentos de acceder a la universidad

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Beijing.- Inaccesible al desánimo, el empresario Liang Shi se presenta este año a los exámenes de selectividad chinos por trigésima vez, convirtiéndose a sus 59 años en un símbolo de perseverancia pero también en blanco de críticas de quienes ven en su caso un intento de atraer la atención del público.

«Estoy seguro de que lo conseguiré tarde o temprano», dijo a Efe Liang, que no se siente agobiado por los reveses del pasado. «Si me quedo estancado pensando en fracasos anteriores, no podré avanzar, así que creo que es mejor dejar atrás los malos recuerdos. Estoy bastante estable emocionalmente», afirmó.

El durísimo examen de acceso a la universidad en China, llamado ‘gaokao’, paraliza cada año un país en el que la admisión en una universidad de prestigio es un trampolín social tanto para el estudiante como para su familia. Cansancio y soledad.

Liang, natural de la provincia de Sichuan, en el centro de China, será -una vez más- uno de los casi trece millones de aspirantes que este domingo afrontan una prueba cuya preparación, según el empresario, es «dura», marcada por el cansancio, la soledad y la irritación.

La singularidad de su caso le ha convertido en una presencia recurrente en la cobertura del examen: cada año, cuando se acerca la fecha del examen, la prensa china vuelve a seguir sus preparativos, sus declaraciones antes de entrar en las aulas y, semanas después, el resultado de un nuevo intento, hasta ahora sin éxito.

Según el portal Jiemu News, Liang comenzó a prepararse para el examen de este año en octubre de 2025 y en las últimas semanas ha estudiado unas diez horas diarias, aunque reconoció que, a medida que se acerca el examen, le cuesta mantener la calma. Empresario sin título

Liang tomó el ‘gaokao’ por primera vez en 1983 y, tras fracasar en sus primeros intentos, ingresó en una escuela vocacional, que abandonó un año después. Durante años trabajó en diferentes sectores y logró una cómoda posición económica tras abrir una fábrica de materiales de construcción, pero nunca dejó de perseguir su objetivo de ingresar en la Universidad de Sichuan, una de las más prestigiosas de su provincia.

Este año, sin embargo, ha bajado su nivel de terquedad y como la Universidad de Sichuan ha demostrado ser un objetivo difícil, se ha fijado como objetivo lograr al menos la admisión a una carrera universitaria.

Hasta 2001, Liang faltó a varias convocatorias porque las normas impedían asistir a personas casadas o mayores de 25 años, pero una vez eliminadas esas trabas volvió a la carga a pesar de que cada convocatoria representa para él una experiencia «dolorosa».

En 2023 obtuvo 424 puntos de un máximo de 750, 34 por debajo de la nota que necesitaba para acceder a una universidad de segundo nivel en su región, y en 2025 alcanzó 454 puntos, 13 por debajo de la línea de admisión a estudios de pregrado en Sichuan, según la prensa local. ¿Persistencia o espectáculo?

Su negativa a tirar la toalla genera desde hace años un debate entre los internautas chinos, que se dividen entre los que le acusan de “montar un espectáculo” y de despilfarrar recursos públicos y los que, conmovidos por el tesón de este eterno estudiante, le desean buena suerte, defienden su derecho a comparecer y recuerdan que no recibe un trato preferencial ni por su edad ni por el número de intentos.

También hay usuarios que se preguntan si, aunque logren ingresar a la universidad, podrán mantener el ritmo académico después de tantos años fuera de las aulas. El empresario, sin embargo, se muestra comprensivo con las críticas y ve “muy normal” que no le entiendan.

«Ellos no me entienden, pero yo los entiendo, porque como no han pasado por esto tienen una mentalidad diferente. Cada cabeza es un mundo. Hay quienes piensan que comiendo tres veces al día tienen la vida resuelta, pero otros buscamos algo más», afirma Liang, que no le quita el sueño a las preguntas.

Por ello, se ríe y pide a los internautas que “no se preocupen tanto” por su vida. Centrado en la prueba que le espera, este sichuanés de voluntad de hierro no se plantea por el momento qué hará si se encuentra de nuevo a las puertas de la universidad. «Soy un hombre muy emotivo y no sé de qué humor voy a estar ese día. Puede ser que diga ‘ya está’, o también puede ser que me trague el orgullo y no me rinda», concluye. EFE

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