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lunes, agosto 17, 2026
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la maternidad detrás del uniforme policial y de bombera

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Santo Domingo.- Cuando Mayrobi Capellán escucha a su hija decirle “mami, ya estás aquí”, siente por unos segundos derrumbarse el peso del día. Después de horas bajo el uniforme policial, llamadas, responsabilidades y largas jornadas, ese abrazo de una niña de ocho años se convierte en descanso.

Mayrovi y su pequeña Zoe
Mayrovi y su pequeña Zoe.

Pero llegar allí no ha sido fácil.

Mayrobi tiene 18 años en la Policía Nacional. Entró buscando estabilidad laboral después de haber trabajado en varios trabajos temporales.

Inspirada por una hermana militar, decidió ingresar a la institución sin imaginar que años después tendría que enfrentar uno de los desafíos más complejos: conciliar la maternidad con una profesión marcada por largas jornadas, disciplina y servicio permanente.

“El día que llegaba al trabajo me lo pasaba llorando, llamando a casa”, recuerda sobre los primeros meses después del nacimiento de su hija Mayoli Zoé Pérez.

La pequeña tenía apenas tres meses cuando terminó su baja posparto y tuvo que volver al servicio.

No aceptó biberón ni cuchara. En el desempeño de sus funciones, Mayrobi debía tomarse un tiempo para extraerse la leche materna y vigilar a su bebé.

«Siempre me pregunté qué iba a hacer cuando fuera a trabajar», dice.

El sacrificio detrás del uniforme: madres que protegen a todos
Mayrovi con su madre y su hija.

Con el tiempo aprendió a dividir su vida entre el uniforme, los turnos y las tareas escolares. Pero todavía hay momentos que le pesan.

“Duele un poco cuando te envían un papelito de invitación para el Día de la Madre y tu mamá no puede asistir por cuestiones de tiempo o de trabajo”, dice.

Celia comparte su historia con la certeza de que salvar vidas es su misión.
Celia comparte su historia con la certeza de que salvar vidas es su misión.

Este año no pudo asistir a la actividad escolar de su hija y tuvo que pedirle a su madre que la representara.

“Porque aunque siempre queremos estar ahí, sabemos que no siempre podemos pedir permiso en el trabajo y que hay otras responsabilidades”, afirma.

Historias como la de Mayrobi también se reflejan en mujeres como Celia, la bombero dominicana cuya vida transcurre entre alarmas, incendios y emergencias.

Las manos de Celia están marcadas por años de trabajo.

Son manos acostumbradas a sujetar mangueras, romper puertas, cargar equipo pesado y entrar donde otros huyen.

Pero también son las manos de las madres: las que preparan la comida, arreglan los uniformes escolares y acarician a sus hijos después de un día agotador.

El sacrificio detrás del uniforme: madres que protegen a todos
Celia y sus hijos, su mayor inspiración.

Cuando suena la alarma, Celia deja atrás cualquier rutina diaria para correr hacia el fuego. Muchas veces eso significa perderse cumpleaños, reuniones familiares o actividades escolares.

Las emergencias no esperan horarios ni celebraciones.

La maternidad en los cuerpos de emergencia tiene silencios y renuncias que rara vez se cuentan.

Son mujeres que trabajan bajo presión constante y que aún así llegan a casa intentando seguir siendo un refugio emocional para sus hijos.

En el caso de Celia, su vocación de salvar vidas convive diariamente con la responsabilidad de cuidar y sostener a su familia. Su historia refleja la realidad de muchas madres dominicanas que trabajan en profesiones tradicionalmente ocupadas por hombres y que deben demostrar fortaleza tanto en el trabajo como en el hogar.

Pero detrás del casco, las botas y el uniforme, Celia también esconde un objetivo profundamente personal: hacer que sus hijos se sientan orgullosos de ella.

Que algún día puedan mirar su esfuerzo y comprender que cada ausencia, cada turno y cada mañana fuera de casa tenían el propósito de construirles un futuro mejor.

Ese mismo sentimiento lo comparte Mayrobi.

“Ser madre es lo mejor que le puede pasar a una mujer”, afirma el policía.

Celia López, bombera de 30 años, madre soltera y mujer inspiradora.
Celia López, bombera de 30 años, madre soltera y mujer inspiradora.

“Ya sabes que tu vida no depende de ti, sino de apoyar a otra personita más”, añade.

Para Mayrobi, gran parte de esa fortaleza proviene de su propia madre, quien la crió sola con sus hermanos cuando solo tenía 23 años.

«Mi madre era madre soltera de tres hijos. Nos dio educación, techo, comida. Fue un sacrificio constante», recuerda.

Hoy intenta replicar ese ejemplo mientras construye el suyo propio. Además de policía, recientemente se graduó en Derecho.

Y aunque vive con horarios exigentes, intenta acompañar a su hija en todos los espacios posibles.

“Cuando me ve poniéndome el uniforme me dice: ‘Mami, quiero ser policía y quiero ser médico’”, dice con una sonrisa.

La niña, meritoria alumna de tercer grado, se ha convertido en uno de sus mayores orgullos.

“Eso para mí es mucho orgullo, porque a pesar del sacrificio hemos logrado salir adelante”, afirma.

Con motivo del Día de la Madre, Mayrobi envía un mensaje especial a las mujeres que, como ella y Celia, trabajan en instituciones de servicio y emergencia.

«No todo es la profesión, no todo es el uniforme. Debemos dedicar tiempo a nuestros hijos y ser más empáticos con ellos porque ellos también hacen sacrificios».

Luego hace una pausa y resume lo que significa vivir entre la maternidad y el deber: “El sacrificio vale la pena”.

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