Decenas de miles de personas participaron este viernes en un acto de cohesión política para condenar la acusación estadounidense contra el expresidente cubano Raúl Castro por el derribo de dos avionetas pertenecientes a una organización opositora y la muerte de sus cuatro tripulantes hace 30 años.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que asistió al acto pero no pronunció un discurso, escribió al final del acto en sus redes sociales que esta acusación es una “construcción mediática acelerada para justificar una agresión militar, un sueño febril de un reducto de mafiosos de origen cubano”.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) presentó este miércoles cargos ante el tribunal federal del Distrito Sur de Florida contra Castro por ordenar, cuando era ministro de las Fuerzas Armadas, el derribo el 24 de febrero de 1996 de dos avionetas, en las que viajaban tres ciudadanos cubanoamericanos y un cubano residente legal en Estados Unidos.
No acudió Raúl Castro, protagonista del acto político de esta jornada, pero sí gran parte de su familia, incluidos niños, y su nieto y guardaespaldas, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, quien también ha participado en las recientes negociaciones entre La Habana y Washington.
También estuvieron otros altos dirigentes de la isla y el ex segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC, único), José Ramón Machado Ventura, el único otro representante de la llamada generación histórica aún en activo.
“Nadie lo va a secuestrar” Sobre la respuesta de Raúl Castro a la acusación de Estados Unidos. Mariela Castro, una de sus hijas, señaló que su padre se mantiene «muy tranquilo», observando y sonriendo». Y destacó que siempre ha dicho: «A mí nadie me lleva viva». «Me pillan peleando». Reafirmó que «nadie va a secuestrar a su padre». «Se lo puedo asegurar. Ni a él ni a nadie», respondió el parlamentario y director del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
«Aquí estamos preparados para luchar contra el imperialismo», añadió Mariela Castro, para luego resaltar que Cuba es «un país pequeño, pobre, pero con experiencia de combate contra el imperialismo liderado por Estados Unidos». “Sabemos que mientras haya una revolución antiimperialista, habrá un enemigo gigantesco y despiadado”, continuó.
Tras los cargos presentados por el DOJ, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, calificó la víspera al expresidente como “fugitivo” de la Justicia estadounidense, pero se negó a comentar sobre los planes para arrestarlo.
Sobre los hechos de 1996, el exagente de la inteligencia cubana Gerardo Hernández, conocido por ser el líder de una red de espías que cumplieron largas condenas en Estados Unidos, dijo este jueves a Efe que el país norteamericano «pudo evitar esas muertes y no tomó ninguna medida».
«Había 16 notas diplomáticas de Cuba advirtiéndoles y pidiéndoles que no dejaran salir (a los pilotos) en los vuelos de Hermanos al Rescate», dijo Hernández, quien indicó que el día del derribo fue la «25ª vez que violaban el espacio aéreo cubano».
A esto contrasta una historia, que es la oficial en la isla, que afirma que las Fuerzas Armadas cubanas derribaron las dos avionetas cuando ya se encontraban en aguas internacionales, lo que constituiría un delito.
Hernández reiteró que “Cuba es un pueblo de paz”, al tiempo que reconoció que “en términos militares no podemos enfrentar a EE.UU. a cañonazos”. Por lo tanto, nuestra primera manera de prepararnos es “tratar de evitar el conflicto”.
Esta posición fue ratificada este día por el canciller cubano, Bruno Rodríguez, quien señaló en las redes sociales que Cuba “repudia la amenaza militar y agresión estadounidense, las medidas adicionales de bloqueo, las sanciones secundarias y el cerco energético, que causan graves daños al pueblo y familias” de la isla.
Este caso ha suscitado especulaciones sobre si la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, se prepara para capturar a Castro como lo hizo en enero en Venezuela con Nicolás Maduro, quien enfrenta un juicio por tráfico de drogas en Estados Unidos.



