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martes, agosto 18, 2026
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la conectividad que redefine el valor de vivir en la periferia

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Santo Domingo.- A las seis de la mañana, cuando muchas casas aún permanecen en silencio, ya hay gente caminando hacia la estación de Metro de Los Alcarrizos.

Algunos llevan mochilas, otros llevan termos de café o loncheras. Durante años, el inicio de su jornada significó largas filas para abordar un automóvil público o un autobús en la carretera Juan Pablo Duarte, en medio del tráfico que conecta cada día a miles de trabajadores con la capital.

Hoy el viaje comienza de otra manera.

Con la puesta en marcha de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo, el municipio quedó conectado al sistema de transporte masivo de la ciudad, reduciendo los tiempos de viaje y cambiando la dinámica de movilidad en la zona occidental del Gran Santo Domingo.

La ampliación incorpora cinco estaciones, entre ellas la Pablo Adón Guzmán, ubicada en la entrada del municipio y nombrada en honor al histórico líder comunitario de Los Alcarrizos.

Pero el impacto del Metro va más allá del transporte.

También empieza a sentirse en la economía local, en el mercado inmobiliario y en la forma en que se planifica el crecimiento del municipio.

El impacto económico

Para el economista Juan del Rosario, las obras de transporte masivo tienen efectos que muchas veces no se perciben de inmediato.

“Cualquier trabajo que satisfaga una demanda social, como el transporte, es rentable para el Estado”, explica.

Sin embargo, aclara que esa rentabilidad no se mide sólo en términos financieros.

«Existe una tasa interna de retorno económico, pero también una tasa interna de retorno social».

Uno de los beneficios más visibles está en los gastos diarios de los trabajadores.

economista juan del rosario
economista juan del rosario

«Hay familias que gastan entre doscientos y trescientos pesos diarios en transporte para llegar desde Los Alcarrizos a Santo Domingo. Cuando ese gasto se reduce, ese dinero se convierte en un ingreso adicional para la familia».

También hay un impacto en la productividad.

«Un transporte más rápido y eficiente reduce el ausentismo y mejora la productividad».

El valor añadido del territorio

La mejora de la conectividad también empieza a verse reflejada en el mercado inmobiliario.

La asesora inmobiliaria Pamela de la Rosa explica que infraestructuras como el Metro suelen provocar un incremento del valor del suelo.

“Tendrá un impacto trascendental, porque el ciudadano medio ya no pensará tanto en mudarse a esas zonas”, afirma.

Según explica, el alto coste de la vivienda en el centro de la ciudad ha empujado a muchas familias a la periferia.

«Hoy una vivienda de interés social tiene un tope de aproximadamente 5,4 millones de pesos. Para muchas familias mudarse al centro de la ciudad es prácticamente imposible debido a los salarios que reciben».

En este contexto, la nueva conectividad puede hacer de Los Alcarrizos una alternativa más atractiva para vivir.

“Con el Metro esa zona deja de sentirse tan lejana y eso aumenta la plusvalía de los inmuebles”.

Los números ya reflejan ese cambio.

Actualmente el precio por metro cuadrado de departamentos en proyectos residenciales de la zona oscila entre los 47 mil y 55 mil pesos, dependiendo de las características del proyecto.

Hace apenas una década, el panorama era muy diferente.

“Si miramos hacia 2015, el precio por metro cuadrado era de aproximadamente 28 mil pesos”, explica.

La diferencia refleja cómo las expectativas de infraestructura y conectividad influyen en el valor del suelo.

Nodo de conexión estratégica

Más allá del mercado inmobiliario, la ubicación del municipio también adquiere mayor relevancia logística.

Según De la Rosa, Los Alcarrizos ocupa un punto estratégico dentro de la red de transporte del país.

“Esa zona te conecta con el puerto de Haina, con la zona norte a través de la carretera Juan Pablo Duarte, con el sur y también con el este a través del periférico”, explica.

Esa conectividad podría atraer nuevas inversiones comerciales y empresariales.

“Alentará a que más empresas se instalen, a más comercios y microempresarios a poder abrir negocios alrededor de las estaciones de Metro”, argumenta.

El desafío de ordenar el crecimiento

La llegada de nuevas infraestructuras y el dinamismo económico que se empieza a percibir en el municipio plantea también un reto: ordenar el crecimiento.

Para el alcalde Junior Santos, el momento requiere planificación con visión de futuro. El ayuntamiento trabaja en un plan de ordenamiento territorial que busca orientar el desarrollo urbano y evitar que la expansión se produzca de forma desorganizada.

Una de las propuestas contempla permitir una mayor densidad en zonas cercanas a grandes infraestructuras de transporte.

“Estamos proponiendo que en algunos polígonos industriales la densidad mínima sea de 14 pisos o más, porque hay inversiones en infraestructura que requieren un mejor uso del suelo”, explica.

La ubicación del municipio refuerza ese potencial. Desde allí se conecta con el norte del país a través de la Autopista Juan Pablo Duarte, mientras que distintos corredores viales facilitan el acceso a otras zonas de la capital. A este marco se suman obras como el Anillo Circunvalación Santo Domingo y el proyecto de anillo interno que busca conectar sectores como Pantoja, Palmarejo y La Isabela para mejorar la movilidad.

Así, el ayuntamiento también promueve incentivos para atraer inversiones. Entre ellos se encuentra el convenio 80-20, mediante el cual se ofrecen reducciones en las tarifas municipales a las empresas que se establezcan en el municipio y generen empleo local.

“Deducimos tipos equivalentes al 20% de los impuestos, siempre que las empresas contraten al menos el 80% de los empleos no especializados entre los vecinos de Los Alcarrizos”, afirma el alcalde.

Sin embargo, el propio alcalde reconoce que aún quedan desafíos importantes: continuar con el saneamiento de barrancas, mejorar la infraestructura urbana y fortalecer los servicios básicos para acompañar el crecimiento del municipio.

Los juicios pendientes

En los barrios, estas necesidades siguen siendo visibles.

Cynthia Fabián, vecina del sector San Rafael, reconoce que el municipio ha cambiado, pero cree que aún quedan obras importantes por realizar.

«Las calles solían ser caminos de tierra. Hoy están pavimentadas, pero muchas tienen más de veinte años y necesitan reparación».

cynthia fabián
cynthia fabián

También menciona la paralización de obras como la remodelación del mercado municipal, donde comerciantes de más de 25 barrios venden sus productos.

En comunidades como El Chucho y Villa Los Peloteros, los vecinos también han pedido a las autoridades intervenir para mejorar servicios como alumbrado público y drenaje.

“Cuando un callejón no tiene iluminación, incluso a la policía le resulta difícil entrar”, afirma.

Por donde solía pasar el tren

Para muchos residentes de toda la vida, el cambio del municipio es difícil de imaginar mirando hacia atrás.

Rubén Darío Núñez, quien vive en Los Alcarrizos desde finales de los 90, recuerda otra realidad: “Antes esto era prácticamente cañaverales, pastos y fincas”.

Hace décadas, por la zona de Los Alcarrizos pasaban los rieles que transportaban la caña hasta los ingenios azucareros.

Hoy, por ese mismo territorio circula un sistema de transporte que mueve a miles de personas cada día.

Entre el recuerdo del tren de caña y el sonido de los vagones del Metro, Los Alcarrizos vive una profunda transformación.

Un municipio que durante décadas fue visto como una periferia ahora comienza a redefinir su lugar dentro de la ciudad: el de una puerta de entrada conectada con el corazón del Gran Santo Domingo.

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