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martes, agosto 18, 2026
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Joven encuentra segunda oportunidad tras las rejas, al pensar acabaría su vida

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Santo Domingo.- Karla, nombre ficticio, tiene 16 años, un hijo de un año y una condena que finalizará el 22 de octubre. Se encuentra recluida en el Centro de Atención Integral a Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal (para Niñas) del sector Villa Consuelo, Distrito Nacional, desde abril de 2000. Su testimonio rompe los mitos sobre el sistema de reclusión de menores en el país.

La adolescente afirmó que cuando ocurrió el hecho vivía con su pareja en un barrio del Distrito Nacional. Hoy, con la mirada puesta en el futuro, a pesar de lo vivido, se prepara para cumplir su condena y aprovechar las oportunidades que se abre octubre para comenzar una nueva etapa.

Joven narra el suceso

Joven encuentra una segunda oportunidad tras las rejas, pensando que su vida terminaría
Karla, nombre ficticio para proteger su identidad por cuestiones legales, tiene 16 años.

“Yo estaba en un lugar, y luego me recogieron. Después se enteró mi familia, porque estaba detenida, no sabían”, dijo Karla, quien cuando se encontraba en el destacamento de Villa Juana, Distrito Nacional, llegó su madre, con su abuela y su hermano, luego de enterarse que cometió el hecho.

Su pareja también llegó al lugar desde el momento en que supo que había cometido el error. Estando allí, tanto él como su familia le expresaron su apoyo y que no la iban a dejar sola en esa situación.

Dijo que luego de cometer el hecho se sintió mal porque «no había cometido ningún error. Me sentí mal porque mi familia me vio diferente y sentí que los decepcioné».

Sin embargo, su familia le hizo entender que “todo el mundo puede cometer un error, que sólo hay que arrepentirse y enmendarse”. Con lágrimas en los ojos, Karla asegura “que esto le pasó porque no estaba estudiando, y lo dejó para interesarse en otra cosa”.

Miedo al «abuso»

Cuando cruzó las puertas del centro de detención después de cometer un delito, el panorama parecía oscuro para Karla: «Pensé que iba a un lugar feo donde me iban a maltratar, donde me iba a ir mal. Pensé que mi vida se había acabado», confiesa. Sin embargo, su ingreso al sistema penitenciario significó una pausa que reorientó su vida.

Dijo que abandonó los estudios en el primer año de secundaria cuando vivía con su pareja; Sin embargo, después de ingresar al centro se le permitió reanudar la educación formal y capacitarse en repostería, belleza, uñas y manualidades.

«Es un cambio del cielo a la tierra. Si hubiera seguido en el extranjero no creo que hubiera terminado mis estudios porque no tenía tantas oportunidades ni gente que me ayudara», reflexiona con sinceridad.

Este error la ayudó a avanzar en su desarrollo dentro del plantel, “creo que afuera no tenía tanta posibilidad de hacerlo (estudiar). Pero aquí me han dado un apoyo con el que puedo y seguiré logrando. Allá no tuve ese apoyo ni gente que me ayude, es un problema”, expresó Karla, una joven de 16 años. Pensó que su vida había terminado cuando llegó al recinto.

Visitas de tu familia

«A veces quiero ir con ellos y sé que no puedo, pero me hace feliz que vengan y estén conmigo; mi mamá, que siempre viene, y mi abuela. Me hace muy feliz. A veces me da tristeza porque quiero irme», dijo tras indicar que lo importante es que vengan a visitarla y traigan a su hijo en los días permitidos.

Aunque sus familiares y su pareja le han brindado apoyo, “mi familia siempre me dice que me han dicho que no vuelva a cometer el error. Doy gracias a Dios por mi familia, porque no me han dejado sola. Y también le doy gracias a Dios porque he llegado a un lugar donde no me maltratan.

Además, cuando entré al centro pensé que mi familia no iba a venir a verme”, dijo la adolescente luego de agradecer a Dios por haber llegado a un lugar como este donde ha podido continuar con sus estudios y aprender cursos técnicos.
Maternidad tras las rejas

El motor que impulsa a Karla a contar los días para recuperar su libertad es su hijo de un año. La separación obligatoria genera complejos retos emocionales que el centro aborda de forma interdisciplinar: «Se ha acostumbrado a mí, pero aquí me hacen jugar con él para acercarlo. Mis psicólogos me ayudan», afirma la adolescente, asegurando que su hijo es su «inspiración y fuerza de voluntad».

Planes para 2025

Con el apoyo de su madre, su abuela y su pareja, quienes la visitan periódicamente, Karla ya está planificando el día después de su partida.

Entre sus objetivos inmediatos está ingresar a la universidad para estudiar ingeniería o enfermería, además de iniciar su propio negocio basado en las artesanías y bordados aprendidos durante su encarcelamiento.

“Mi deseo es terminar mis estudios y montar un lugar donde pueda desarrollarme y tener mi clientela”, dijo Karla.

«Quiero terminar mi colegio y tomar más cursos. Me gusta mucho el bordado que me enseñaron aquí y quiero continuarlo afuera; también hacer flores eternas. Quiero practicar muchas cosas que me enseñaron aquí afuera», dijo la joven, y cuando salga libre quiere iniciar un negocio.

Preparación

—1— Consejo

Karla: “Mi mamá me dice que me ama, que no estoy sola y que lo que hice no estuvo bien, que tiene que admitirlo, pero al final soy su hija”.

—2— Universidad

La adolescente de 16 años manifestó que su deseo es estudiar ingeniería en la universidad.

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