SANTO DOMINGO.-Ante la amenaza de un huracán, terremoto o inundación, sentir miedo es una reacción normal. Verificar las condiciones climáticas, asegurar la vivienda, comprar alimentos y tener preparada una mochila de emergencia son parte de un comportamiento responsable, especialmente en un país como República Dominicana, expuesto cada año a fenómenos atmosféricos.
El problema comienza cuando la prevención deja de estar guiada por la prudencia y empieza a estar dominada por el miedo.
Una persona puede pasar de consultar una alerta meteorológica para tomar decisiones a consultarla compulsivamente cada pocos minutos. Puede que dejes de dormir, evites salir de casa, imagines constantemente escenarios de muerte o destrucción y sientas que, incluso cuando no hay una amenaza inmediata, algo terrible está a punto de suceder.
Para Suliana Jiménez, neuropsicóloga del Centro de Neurodiagnóstico de Oriente, la diferencia está precisamente en la forma en que cada persona procesa el peligro. «El miedo cumple una función protectora cuando nos ayuda a prepararnos y actuar. Se convierte en un problema cuando la respuesta es desproporcionada con respecto al riesgo real y comienza a interferir en la vida de la persona», explica. La intensidad del miedo no es la misma para todas las personas.

Las experiencias previas, los rasgos de personalidad, un historial de ansiedad, una sensación de control y el aprendizaje adquirido del entorno pueden determinar cómo responde alguien ante un desastre. Una persona que ha experimentado un huracán devastador puede, por ejemplo, asociar más tarde el viento, las fuertes lluvias o incluso una alerta meteorológica con esa experiencia traumática. Lo que para otros representa un cambio de época, para ella puede convertirse en una señal de peligro.
El cerebro copia el miedo
El aprendizaje también puede ocurrir indirectamente. Cualquiera que crezca viendo a miembros de su familia reaccionar con miedo extremo ante una tormenta puede incorporar esa misma respuesta. El cerebro, explica Jiménez, también puede aprender el miedo observando a los demás.
Entre las señales de alerta se identifica miedo intenso y persistente, pensamientos catastróficos, necesidad constante de revisar alertas, dificultad para dormir y síntomas físicos como palpitaciones, temblores, sudoración, dificultad para respirar o mareos. Entre las fobias relacionadas con los fenómenos naturales que observa con mayor frecuencia en consulta se encuentran el miedo intenso a las tormentas, rayos y truenos, terremotos e inundaciones. En el caso concreto de las tormentas, existe la astrafobia, asociada al miedo a los truenos y relámpagos.
Recomendaciones
— ¿Qué deberías hacer?
Aconseja tener un plan de emergencia familiar, limitar la exposición a las redes sociales y evitar convertir la búsqueda de información en una conducta compulsiva, aprender a identificar pensamientos catastróficos y trabajar la regulación emocional.


