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miércoles, agosto 19, 2026
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familia de Davy Abreu clama justicia

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Santo Domingo.- El nombre de Davy Carlos Abreu Quezada resuena hoy no sólo por la violencia de su muerte, sino por el profundo vacío que deja en su familia. Cinco niños quedan huérfanos, afrontando una ausencia que llegó, según sus familiares, de la manera más injusta y dolorosa.

“Desde que ese camión llegó al barrio todos lo saludaron”: la familia de Davy Abreu exige justicia

En medio del llanto, su madre clama por justicia. “Mi hijo no merecía una muerte tan mala”, repite aferrándose a la esperanza de que el caso no quede impune.

La tragedia también golpeó a sus hermanos. Wilkaysa Marable cuenta impotente cómo Davy, herido, buscó ayuda sin recibirla. “Nadie acudió a él… lo dejaron sangrando”, dice cuestionando tanto al agresor como la indiferencia de los presentes.

“Desde que ese camión llegó al barrio todos lo saludaron”: la familia de Davy Abreu exige justicia

La familia se enteró de lo sucedido a través de un video que se volvió viral, mientras atravesaban otro duelo: el velorio de un tío. La noticia llegó sin previo aviso, con la crudeza de ver expuestos sus últimos momentos en redes.

“Desde que ese camión llegó al barrio todos lo saludaron”: la familia de Davy Abreu exige justicia
Davy pidió ayuda en dos lugares… pero el tiempo no se hizo esperar

Su hijo mayor, Ronald Abreu, lo recuerda como un hombre trabajador y querido. “Desde que ese camión llegó al barrio todos estaban afuera saludándolo, porque era una buena persona”, dice.

Davy llevaba unos tres años viviendo en Santiago. Su familia insiste en que no era una persona conflictiva, sino alguien dedicado a su trabajo y a sus seres queridos.

Una herida social más profunda

Para la psicóloga Miosotis Grullón, este caso no sólo refleja un hecho aislado, sino un problema social más amplio.

“A nivel psicológico, esto genera desesperanza aprendida e impotencia colectiva: la gente internaliza que ‘denunciar es inútil’ y deja de buscar ayuda”, explica.

Advierte que cuando un ciudadano pide ayuda y no la recibe, el impacto va más allá del individuo.

«A nivel social, la confianza en las instituciones se erosiona. El mensaje que queda es: ‘ni el Estado te salva’, y eso aumenta el miedo y el silencio.»

Grullón señala que la percepción de que la violencia es cada vez más frecuente en República Dominicana tiene claras raíces.

«La mayoría de los conflictos se producen por situaciones triviales: colisiones de vehículos, discusiones por el aparcamiento, ruido o deudas mínimas. El problema es que escalan rápidamente», describe.

A esto se suma la facilidad de acceso a armas y factores culturales.

Miosotis Grullón
Miosotis Grullón

“La violencia se está normalizando desde edades cada vez más tempranas”, afirma, al tiempo que destaca el peso del machismo y las desigualdades sociales: “La violencia también es consecuencia de normas, roles y relaciones de género desiguales”.

El especialista es enfático: «Sí, hay una normalización de la violencia. Cuando algo grave se vuelve cotidiano, deja de causar alarma».

Esto, explica, tiene consecuencias directas sobre el comportamiento social. «La gente tolera más, denuncia menos y empieza a resolver los conflictos con agresividad porque ‘aquí se hace así’. La empatía también disminuye: el dolor ajeno tiene menos impacto».

Uno de los aspectos más cuestionados del caso ha sido la reacción de quienes presenciaron la escena. Para Grullón esto tiene una explicación psicológica.

«Es el efecto espectador: cuando hay mucha gente, cada uno se siente menos responsable de actuar. Piensan ‘que lo haga otro'», señala.

Pero no es el único factor. «También influye el miedo real a intervenir, porque te pueden herir o matar. Y hay una búsqueda de validación social: la grabación da visibilidad, ‘me gusta’, atención».

Añade también la desensibilización: “Si ves violencia constantemente, el cerebro la percibe como menos urgente”.

Y hay un elemento clave: la desconfianza institucional: «Mucha gente piensa: ‘¿para qué llamo al 911 si no van a venir?’ Entonces prefieren grabar para informar en redes”, afirma el especialista.

¿Qué se puede hacer?

Para Miosotis, revertir esta realidad requiere acciones concretas.

“Necesitamos trabajar en varios frentes: educación en las escuelas para identificar y detener la violencia temprana, enseñar primeros auxilios psicológicos y proteger a quienes la denuncian”, explica.

También insiste en la necesidad de consecuencias claras: «Cuando alguien pide ayuda y el sistema falla, debe haber sanciones ejemplares. Eso restablece la confianza».

Y a nivel cultural propone un cambio de enfoque: «Hay que romper con el efecto espectador. Como sociedad debemos empezar a valorar y reconocer a quien ayuda, no a quien tiene el vídeo más viral».

Mientras tanto, la familia de Davy sigue esperando respuestas. Entre el dolor y la indignación, su historia deja una huella más allá del individuo: cinco niños sin su padre y una sociedad obligada a mirarse en el espejo de su propia indiferencia.

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