El auge del deporte y la actividad física ha traído consigo una mayor conciencia sobre la importancia de la atención médica a los deportistas. Frecuentemente, cuando pensamos en salud deportiva, las primeras disciplinas que nos vienen a la mente son la cardiología y la ortopedia.
Para Anahí B. Goicochea, internista y coordinadora médica de Proyectos de la Dirección Médica de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (Cedimat), es natural asociar el desempeño con un corazón fuerte, capaz de resistir el esfuerzo y articulaciones libres de lesiones. Sin embargo, el cuerpo humano es un sistema complejo y profundamente interconectado.
Con la próxima inauguración de la Clínica del Deportista, un espacio integral que reunirá a expertos en cardiología, ortopedia, rehabilitación, nutrición y más, surge la oportunidad de resaltar un pilar fundamental que sustenta y vincula toda esta estructura: la medicina interna.
Históricamente, la figura del internista ha estado asociada al tratamiento de enfermedades complejas, pero en el ámbito deportivo su papel es el de un auténtico director de orquesta. Existe el mito muy extendido de que una persona con una excelente condición física o una musculatura desarrollada goza, por defecto, de un impecable estado de salud orgánica. El especialista afirmó que esa falsa sensación de seguridad puede llevar a descuidar el campo metabólico.
El deporte, especialmente cuando se practica con intensidad o rigor constante, somete al organismo a un importante nivel de estrés fisiológico. Por tanto, el abordaje del deportista no debe limitarse a tratar la lesión mecánica o confirmar que el corazón tolera la carga; requiere un seguimiento preventivo exhaustivo del medio interno.

“El deportista debe acudir a la consulta de medicina interna como punto de partida ineludible para su chequeo preventivo, así como ante cualquier síntoma inusual”, puntualiza.
Un deportista que experimenta una caída repentina en su rendimiento, fatiga que no desaparece con el descanso, dolores de cabeza o alteraciones en la digestión no necesariamente se enfrenta a un simple problema de sobreentrenamiento. Con frecuencia, estos signos son la punta del iceberg de alteraciones sistémicas que sólo un escrutinio clínico profundo y holístico puede revelar.
el desgaste
La galena afirma que uno de los escenarios más comunes que evalúa su especialidad es el agotamiento de las reservas de nutrientes esenciales. El oxígeno es el principal combustible para el movimiento y su transporte eficaz depende directamente de la calidad de la sangre. Es bastante común encontrar deportistas que debido a la altísima exigencia física de su entrenamiento desarrollan deficiencias severas de hierro.
Explica que esta falta de hierro puede progresar silenciosamente hacia la anemia, una condición que reduce drásticamente la capacidad aeróbica, apaga la energía vital y prolonga peligrosamente los tiempos de recuperación. Una evaluación preventiva oportuna identifica estos déficits nutricionales antes de que se conviertan en un obstáculo clínico, permitiendo intervenciones precisas que devuelvan al deportista a su estado óptimo.
Asimismo, el metabolismo de un deportista se encuentra en un estado de constante adaptación. Goicochea describe que el estrés del entrenamiento intenso, sumado a los regímenes nutricionales y físicos que exige cada disciplina, provoca cambios medibles en estudios de laboratorio. Los órganos que actúan como grandes filtros y procesadores del cuerpo luchan por manejar el impacto del ejercicio y la nutrición orientada al rendimiento. Para el ojo inexperto, determinadas alteraciones en los análisis de sangre pueden parecer alarmantes o, por el contrario, descartarse erróneamente.
sobrecarga organica
El internista tiene la experiencia para discernir con precisión entre los cambios transitorios y normales producidos por el estrés del ejercicio, y aquellos valores que verdaderamente indican una sobrecarga orgánica que requiere corrección inmediata. La filosofía detrás de la atención óptima entiende que los pacientes no son compartimentos sellados; No son exclusivamente cardiología, ortopedia o sólo medicina interna.
Los pacientes, independientemente de su especialidad de origen o disciplina deportiva, son un todo integrado.
Evaluación sistémica
Aclara que un deportista requiere una evaluación sistémica porque el dolor articular crónico podría estar influenciado por un estado inflamatorio generalizado, y la falta de aire recurrente podría no ser un problema pulmonar, sino anemia.
Es trabajo del internista conectar aquellos puntos que a primera vista parecen aislados, interpretando lo que el cuerpo expresa en su totalidad.
Sostiene que “la verdadera ventaja y el salto de calidad que supone la creación de una Clínica del Deportista radica en la comunicación fluida, constante y sin barreras entre las especialidades”. Mientras que la evaluación cardiológica y las pruebas de esfuerzo son pasos innegociables para garantizar la seguridad.
Gestión integral
En este nuevo modelo de trabajo, el internista colabora estrechamente con el departamento de nutrición para traducir los hallazgos clínicos en planes nutricionales que repongan lo que ha consumido el esfuerzo.
Al mismo tiempo, trabaja de la mano con el equipo de rehabilitación para lograr que el cuerpo esté en óptimas condiciones para sanar y recuperarse de manera eficiente.


