Actualmente, asistimos a un mundo lleno de incertidumbre económica y política que ha creado un caos generalizado en todos los rincones del planeta y que se manifiesta en el aire, el mar y la tierra. Y el petróleo sigue siendo el pilar energético y económico a escala planetaria, con un consumo que supera los 98 millones de barriles diarios. Pero resulta que su incidencia engendra diatribas y discrepancias: determina la inflación global, la política exterior y los costos de transporte, situación que propaga las tensiones geopolíticas y su combustión impulsa el cambio climático.
En el escenario actual de la geopolítica global, el petróleo se ha convertido en un recurso económico y estratégico trascendental del que depende la dinámica del comercio internacional y las actividades industriales. Además, se utiliza para la generación de energía, mientras que sus derivados se requieren para la producción de millones de manufacturas, componentes y materias primas esenciales para productos terminados no alimentarios.
Y el uso intensivo del petróleo, como materia prima, para la industria química ha provocado el surgimiento de la industria petroquímica, así como la multiplicidad y variedad de bienes que surgen de la transformación del petróleo y que son de vital utilidad para la gran mayoría de las industrias que predominan en el mercado internacional. Por esta razón, el petróleo no sólo concierne a los combustibles, sino también a los fertilizantes químicos, explosivos, caucho y asfalto, caucho sintético, plásticos, polímeros, aromáticos, lubricantes, pinturas, disolventes y detergentes.
Lo anterior son poderosas razones para entender que las exportaciones de petróleo, y sus productos derivados, han ocupado el principal espacio en el comercio internacional y la actividad económica de las más importantes empresas transnacionales y grupos inversionistas. Desde esa perspectiva, es obvio entender que el petróleo es el recurso más esencial en la industria global y también el más determinante de la geopolítica y la gobernanza a escala global en la actualidad.
Es en tal contexto que, al observar los conflictos de intereses entre consumidores y productores, es innegable que se trata de un escenario de invariable perturbación y confrontación. Bueno, el resultado de tal discrepancia es que las potencias industriales ejercen supremacía militar, inducen golpes de estado, utilizan embargos comerciales o imposiciones económicas, idean alianzas estratégicas e intervienen culturalmente en los países productores para establecer políticas energéticas de dimensiones globales y controlar la producción y distribución de petróleo.
Desde una interpretación geopolítica y geoeconómica, actualmente los epicentros de los conflictos bélicos se ubican en Medio Oriente y Rusia-Ucrania, situación que, por su naturaleza, está definiendo los precios del barril de petróleo y la estabilidad política y económica del mundo, induciendo altos riesgos de recesión. No es casualidad que se desarrollen conflictos bélicos donde están las mayores reservas de petróleo con grandes enfrentamientos y destrucción, como Irak con 145 mil millones, Arabia Saudita 267 mil millones, Irán 209 mil millones y en conflictos menores en Venezuela 303 mil millones, porque cuando estas naciones entran en el terreno de las dificultades se comprende mejor el comportamiento abrupto y la volatilidad de los precios en el mercado petrolero.
El impacto que se produce con la volatilidad de los precios se expresa inmediatamente en la economía global, en el entendido de que cuando se produce un shock de oferta, las empresas recorren una difícil línea de transferencia de costos marginales a los consumidores, generando presiones inflacionarias desproporcionadas. El aumento que se produce en el precio del petróleo tiene un efecto dominó en la economía ya que esto desencadena una aterradora caída del crecimiento económico, sensibilidades en los mercados internacionales, malestar en las bolsas de valores, intervenciones fiscales para mitigar el impacto de los precios, recesión económica y reorientación aleatoria de la política económica e incertidumbre en el comportamiento de los consumidores, así es como el petróleo gobierna el mundo.



