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martes, agosto 18, 2026
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el enemigo nocturno que pone en riesgo al corazón

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Para muchas personas, roncar se considera normal. Sin embargo, cuando los ronquidos son fuertes, irregulares y van acompañados de pausas en la respiración, puede ser signo de una afección médica grave: la apnea del sueño. Esta enfermedad, común e infradiagnosticada, no sólo altera el descanso, sino que actúa como un enemigo silencioso del corazón.

Katerine Caraballo, cardióloga de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (CEDIMAT), explica que la apnea del sueño se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración durante la noche (apneas) o por reducciones significativas del flujo de aire (hipopneas).

Cada uno de estos episodios provoca una caída de los niveles de oxígeno en la sangre. Ante esta falta de oxígeno, el cerebro reacciona activando un mecanismo de emergencia que despierta breve e inconscientemente al cuerpo para reiniciar la respiración, un ciclo que puede repetirse decenas o cientos de veces por noche.

Aunque la persona no lo recuerde al día siguiente, su cuerpo pasa la noche en una especie de “estado de alerta”. El sueño se fragmenta, pierde profundidad y deja de ser reparador. Por este motivo, muchos pacientes se despiertan cansados, con la sensación de no haber descansado, incluso cuando han pasado varias horas en cama.

Las caídas repetidas de oxígeno también generan inflamación y estrés oxidativo.

Los síntomas más comunes incluyen ronquidos fuertes y entrecortados, pausas respiratorias observadas por su pareja, sensación de jadeo o asfixia durante el sueño, dolores de cabeza matutinos, boca seca al despertar y somnolencia diurna excesiva. Esta somnolencia puede manifestarse al leer, mirar televisión, en reuniones de trabajo, en el transporte público o incluso mientras se conduce, aumentando el riesgo de sufrir accidentes.

peligro real
Más allá del cansancio y la falta de concentración, el verdadero peligro de la apnea del sueño reside en lo que ocurre a nivel cardiovascular. Cada episodio de apnea activa una cascada de respuestas al estrés en el cuerpo: se liberan hormonas que elevan la presión arterial y aumentan la frecuencia cardíaca.

Cuando este proceso se repite noche tras noche, durante años, el daño puede ser progresivo y silencioso.
Una de las consecuencias más frecuentes es la hipertensión arterial, tanto de noche como de día. Los aumentos repentinos de presión durante el sueño terminan “programando” el cuerpo para permanecer hipertenso durante el día, lo que explica por qué muchas personas con apnea tienen una presión difícil de controlar, incluso con diversos medicamentos.

Las caídas repetidas de oxígeno también generan inflamación y estrés oxidativo, dos factores clave en el desarrollo de la aterosclerosis. Este proceso favorece la formación de placas grasas en las arterias, endureciéndolas y estrechándolas. Con el tiempo, esto aumenta el riesgo de sufrir un ataque cardíaco y un derrame cerebral, a menudo sin síntomas previos claros.

Riesgo de arritmias
El sistema eléctrico del corazón tampoco queda fuera. La apnea del sueño se asocia con un mayor riesgo de arritmias, especialmente fibrilación auricular, así como con ritmos cardíacos anormalmente lentos durante la noche.

En personas con enfermedades cardíacas preexistentes, estos trastornos del ritmo pueden agravar la afección y complicar el tratamiento. Además, obligar al corazón a trabajar noche tras noche con niveles bajos de oxígeno y contra presiones altas puede provocar cambios estructurales.

El músculo cardíaco puede engrosarse y, con el tiempo, debilitarse, provocando insuficiencia cardíaca. Esto provoca dificultad para respirar, limitación en las actividades diarias y una disminución significativa de la calidad de vida.

El diagnóstico se realiza mediante un estudio del sueño. Esta puede realizarse en un laboratorio especializado o, en muchos casos, en casa mediante dispositivos portátiles validados, lo que ha facilitado el acceso al diagnóstico. Estos nos permiten confirmar la presencia de la enfermedad y determinar su gravedad, paso clave para definir el tratamiento más adecuado.

hay tratamiento
La buena noticia es que la apnea del sueño tiene tratamiento y es muy eficaz. En casos moderados a graves, el tratamiento de primera línea es la CPAP, un dispositivo que mantiene abiertas las vías respiratorias durante el sueño con un flujo de aire suave y continuo. Se ha demostrado que su uso regular reduce la presión arterial, mejora la función cardíaca, disminuye el riesgo de arritmias y reduce la probabilidad de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y mortalidad.

Junto con un tratamiento específico, es fundamental abordar los factores que favorecen la apnea, como la obesidad, el sedentarismo y la diabetes. La pérdida de peso, la actividad física regular y el control metabólico no sólo mejoran la apnea, sino que también reducen el riesgo cardiovascular general.

Recomendación

— Alcohol y sedantes
En casos seleccionados, pueden estar indicados dispositivos de avance mandibular o tratamientos quirúrgicos. Se recomienda evitar el consumo de alcohol y sedantes antes de dormir, ya que facilitan el colapso de las vías respiratorias.

Reconoce tus síntomas
La apnea del sueño no es sólo un problema de ronquidos o una molestia nocturna. Es un factor de riesgo cardiovascular modificable.

Reconocer tus síntomas, consultar a tiempo y apegarte al tratamiento puede marcar la diferencia entre un corazón bajo estrés constante y uno protegido a largo plazo.

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